Porque yo lo valgo
La idea, digna de haber salido del magín del Pitbull de la izquierda —si en su día, Álvarez Cascos fue nombrado el Doberman de la derecha, Leire Pajín, con ese rostro cuadrado, ese mentón prominente y esa mandíbula esculpida en piedra no puede ser sino el Pitbull de la izquierda—, no dejaría de tener su gracia y su aquél si el nivel académico de los estudiantes de este país anduviese lo suficientemente holgado —que no folgado, que es como realmente anda— como para que la inclusión de determinadas materias no influyese en el resto de rendimiento académico, pero no saben ustedes la dentera que da el pensar que alguien pueda llegar a unos estudios de nivel universitario confundiendo a Delibes con un indice bursátil y que, item más, a nadie le importe una mierda porque lo realmente importante parece ser adoctrinarle e imbuirle en el ideario feminista. Debe resultar muy aleccionador y gratificante contemplar cómo un perito mercantil, un médico o un ingeniero agrónomo repiten curso porque les ha quedado feminismo para septiembre. ¿Qué quieren que les diga? Que tenemos lo que tenemos, que nos va como nos va y que merecida penitencia arrastramos por un más que merecido delito: el de aupar en el poder al inútil manifiesto —y con él, a su cuadrilla— que lo ostenta en la actualidad.
No deja de ser un poético contrasentido que sea precisamente Bibiana Aído la abanderada que debe valer y velar por los derechos —dignos y más que merecidos, no lo pongo en duda— de la mujer, la postulante a suprimir la vergonzosa concepción de objeto que muchos ciudadanos —hombres, principalmente— albergan sobre las mujeres. Y no deja de ser un contrasentido porque la encargada de llevar a cabo tal cometido es precisamente el más perfecto y preciso ejemplo de ministro-florero que ha visto cualquiera de las legislaturas de este país. Es como elegir a un pirómano para ejercer la labor de guarda forestal. Una situación que habría hecho las delicias de G. K. Chesterton, el príncipe de las paradojas. Claro que... ponte tú a explicarles quien era Chesterton a todos esos que no conocen ni a Delibes.
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