Mentiras completas y verdades a medias



jueves 2 de septiembre de 2010

Un único destello de gloria

No lo conocía. Ni conocía su historia. Su fotografía se encontraba expuesta en las paredes de un restaurante mexicano al que suelo acudir con cierta frecuencia, pero nunca había reparado en ella. Dos. Eran dos las imágenes mostradas, una al lado de la otra. Concretamente estas:













En el pie de ambas, obra del fotógrafo Agustín Víctor Casasola, figuraba el mismo texto: «Fortino Samano ante el pelotón de ejecución, 1917». En un principio creí haber leído mal. Resultaba sorprendente la actitud de aquel personaje retratado en un trance como aquél, particularmente la de la primera de las imágenes. Las manos en los bolsillos; la cabeza erguida; la mirada socarrona, a medio punto entre el recelo y el desafío; la mueca helada impresa en esos labios que sostienen un habano en una posición casi burlesca... «No parece la imagen de un hombre a punto de morir —pensé—. Y si realmente lo es, debió ser un hombre muy singular» . Reconozco que me picó la curiosidad. Y comencé a buscar información al respecto. Y esa fue mi primera decepción. No existe información alguna acerca de la biografía de Fortino Samano más allá de constatar que fue uno de los lugartenientes de Emiliano Zapata, que apenas había cumplido los treinta cuando fue apresado, condenado y fusilado sin juicio previo, acusado no se sabe exactamente de qué y que, en toda esta historia, parece haber de por medio una oscura, truculenta y aparentemente fascinante trama de falsificación de papel moneda. Pero esto permite constatar que las paradojas existen y que están ahí precisamente para eso: para rizar el rizo. Samano no fue famoso ni conocido por nada de lo que hizo en vida sino, únicamente, por la excepcional fotografía tomada por Casasola minutos antes de su muerte. Al más puro estilo de los amantes de El beso del Hotel de Ville de Robert Doisneau o de El marinero de Time Square de Alfred Eisenstaedt. Seres inmortalizados en la iconografía popular a través del poderoso influjo de una emulsión fotográfica, pero que, una vez capturado el instante, continuaron siendo tan anónimos como lo eran antes de ese preciso segundo.

Si alguien pudiera proporcionarme algún dato biográfico sobre Fortino Samano, le estaría sumamente agradecido.

Etiquetas: ,

miércoles 1 de septiembre de 2010

Roma no paga traidores

Roma no pagaba traidores. En este país, algunos partidos políticos no sólo los pagan sino que, además, los elevan a la categoría de presidente del gobierno. Alguien capaz de dinamitar la estabilidad del gobierno de Patxi López —que, al margen de lo no siempre acertado de su gestión, es de lo poco merecidamente bueno que le ha ocurrido al País Vasco en los últimos años—, capaz de negociar con el PNV la aprobación de unos Presupuestos Generales que le ofrezcan pan para hoy y hambre para mañana, que le eviten verse obligado a convocar las temidas —por su parte— elecciones anticipadas y hacerlo a cambio de ofrecerse a poner a su propia gente a los pies de los caballos no merece otro calificativo. Sí lo merece, pero el decoro impide usarlo en público.

Pero lo más inquietante es plantearse que, si esto es lo que ha sido capaz de hacer Zapatero con los suyos, con el PSE, con la gente afín a su partido, ¿qué no le importará hacer en beneficio propio con el resto de los españoles? No recuerdo una voracidad tan deshonesta ni una indignidad tan rastrera desde los tiempos del Bienio Negro. Zapatero está a punto de conseguir lo que parecía imposible: hacer buena la gestión del que probablemente haya sido el político más nefasto que ha conocido la historia de España: D. Alejandro Lerroux. Que ya es echarle pelotas.

Roma no pagaba traidores. Y la verdad es que nosotros, los españoles, estamos empezando a estar muy hartos de hacerlo.

Etiquetas: ,

martes 31 de agosto de 2010

Microrrelato

Nunca me he sentido particularmente cómodo en el ámbito del microrrelato. Es un territorio que me causa excesivo respeto. Todo el mundo puede escribir un texto breve, pero hay que ser realmente bueno para hacerlo bien. Pero, de cuando en cuando, algún benevolente amigo te dice que ese que has escrito es bastante potable y decide incluirlo en su excelente blog dedicado a las minificciones.

Perdónalo señor…
-oOo-
Imposible fallar

Su ancestral enemistad les había llevado a enfrentarse en aquella locura perversa. Ruleta rusa non stop. Reglas extremas. Una única bala agazapada en el tambor de un revólver y una sucesión de rondas alternativas hasta dar con ella. Seis disparos máximo. Sólo uno de los dos contendientes saldría de allí con vida.

Tras el quinto intento, su adversario depositó el arma sobre la mesa al tiempo que esbozaba en sus labios una sonrisa triunfal. Jaque mate. El siguiente disparo sería el definitivo. Resultaba evidente quién había resultado vencedor. Con gesto desconcertado tomó el revólver, lo sostuvo entre las manos y lo observó como si aún no fuese capaz de creer lo que el Destino acababa de poner en ellas.

Para sorpresa de los presentes, alzó el revólver, apuntó hacia la cabeza de su contrincante y disparó.

La suerte había estado de su lado. En aquellas circunstancias resultaba imposible fallar.

Etiquetas: , ,

lunes 30 de agosto de 2010

Ya estamos de vuelta (de todo)

Este año, la pausa estival del blog no se ha debido exclusivamente a motivos lúdicos. Por desgracia. Como dejaba intuir en la última entrada escrita a finales del mes de julio, una serie de «problemillas» domésticos me han mantenido alejado prácticamente de todo tipo de actividad. Literaria y de la otra. Felizmente y por fortuna, el momento de crisis parece haber pasado, el incidente se atajó como correspondía y todo parece volver a su cauce. Desde aquí me gustaría agradecer a todos los amigos que se acercaron a esta orilla y dejaron —algunos con conocimiento preciso de lo que ocurría, otros por intuición— un comentario y unas palabras de ánimo.

Bueno, pues eso. Que ya estamos de nuevo por aquí. Dispuestos a encarar con el final del verano el arranque de un nuevo periodo plagado de proyectos anhelados y buenas nuevas. Que, como todo hombre y mujer de bien sabe, el arranque de los nuevos proyectos y las puestas a cero de los cuentavueltas vitales nunca comienzan en enero sino en septiembre.

Que Dios nos coja confesados. Y que reparta suerte.

Etiquetas:

domingo 1 de agosto de 2010

Dolor

Nunca es demasiado tarde para que un perro viejo aprenda trucos nuevos aunque algunos descubrimientos resulten en ocasiones bastante desconcertantes. Como, por ejemplo, el descubrir a estas alturas del partido la paradoja de que, en determinadas circunstancias, el auténtico dolor, el más profundo y desgarrador dolor que uno puede llegar a sentir jamás, no siempre es propio.

Contemplar cómo un ser querido, alguien por quien muy probablemente, sin exageraciones ni quijotescas fabulaciones de cuentos de hadas, darías tu vida de ser necesario, gime de dolor durante horas hasta caer extenuado. Observar cómo la expresión de su faz se desgarra con cada punzada sin que tú puedas hacer nada por remediarlo salvo ahogar la sensación de impotencia que corroe tus entrañas so pena de volverte loco. Escuchar cómo sus gritos se clavan en tus sentidos hasta percibirlos en el interior de tu cabeza incluso en los escasos momentos de tregua. Comprobar cómo, minuto a minuto, su ánimo se quiebra, se deshace, se viene abajo entre lágrimas de desesperación, envuelto una situación cuya conclusión aparenta tan lenta, lejana e impredecible que llega a resultar eterna. Esa es, sin duda alguna, una de las mayores y más auténticas expresiones de dolor que pueden llegar a sentirse. Infinitamente mayor que algunas de las que se alojan en carne propia.

Pero ahora alzo la mirada y contemplo cómo, bajo el gotero atestado de calmantes que está suspendido sobre la cabecera de su cama, un escorzo de alivio se desdibuja en su adormecido rostro.

Y a mí ya me duele un poco menos.

Etiquetas:

domingo 11 de julio de 2010

Montero Glez


Lo conocí hace años a partir de una referencia de un amigo que había leído sus novelas. Lo primero que cayó en mis manos fue su Cuando la noche obliga y quedé absolutamente fascinado por la épica de sus palabras, por ese juego lírico que se te enreda entre los recovecos de la mente y las costuras del alma y te hace delirar como una perra en celo. Una prosa bronca, ruda, ausente de disfraces o alardes pero plena de vida, de belleza, de matices imposibles para alguien que no escriba con la pasión con la que él lo hace. Fue un auténtico descubrimiento. Comencé a visitar de forma asidua su página web donde mantenía —y sigue manteniendo— una peculiar relación con sus lectores, con sus admiradores e incluso con sus detractores. Recuerdo con placer y añoranza haber disfrutado mucho con su desaparecida sección El Rabiadero donde literalmente destrozaba a todo cabrón que se cruzaba en su camino —que no fueron pocos—. De ahí, de mis visitas a su página web, surgieron los primeros contactos. Y fue creciendo el respeto, me gusta pensar que mutuo. Y la constatación de los amigos comunes —el gran Miguel Baquero—. Y tuve el enorme privilegio de ejercer de presentador, conductor y contertulio en la puesta de largo en Madrid de Pólvora negra, premio Azorín 2008, su novela más completa y controvertida hasta el momento.

De aspecto flaco, duro, curtido y mirada torva, algo esquiva al primer asalto, su imagen de peligroso se viene abajo en cuanto tienes la fortuna de traspasar esa primera coraza, entrar en su terreno y disfrutar de la calidez de sus palabras y su presencia. De contemplarlo tal como es, sin dobleces, prejuicios ni medias tintas. Porque si hay una palabra que pueda definir a Montero Glez —tarea casi imposible—, esa es «auténtico». Montero es una rara avis. Un último mohicano en un mundo —el literario— donde la complacencia y la pleitesía, aún siendo moneda de uso común, es una divisa que el amigo Montero no trabaja. Y de ahí, quizá, provienen gran parte de sus males y la etiqueta de conflictivo tan arbitrariamente —o no. La arbitrariedad siempre depende del ojo de quien la denuncia— concedida. En cualquier caso, para bien o para mal, Montero Glez sólo es Montero Glez. Así. Como única etiqueta. Sin aditivos ni conservantes. Y esa quizá sea la razón por la que muchos lo apreciamos. Y respetamos.

Este mes, la revista Standdart publica una entrevista que le hace justicia. Una entrevista en la que, además de la habilidad del entrevistador, se reconoce sin lugar a dudas la casta del verdadero Montero Glez. Mi consejo es que no te la pierdas, máxime cuando puedes leerla online

Es un placer conocerte y compartir gustos y perspectivas contigo, Monterito. Nos vemos en el camino. Mientras tanto, sigue haciéndonos disfrutar con lo tuyo, con lo que tú sabes hacer como nadie. Con esa Pistola y Cuchillo próxima a publicarse y que algunos andamos ansiando desde hace ya un tiempo.

Etiquetas: , , , ,

viernes 9 de julio de 2010

Disfrutad, disfrutad, malditos

Maldita sea. Este año no pudo ser. Por razones que no vienen al caso, me ha sido imposible asistir a la ineludible cita anual que todo juntaletras de ánimo retorcido, vocación pendenciera e inspiración negrocriminal anhela por estas fechas. ¿Que cuál es el motivo de mi desazón? Es difícil de explicar. Si no se ha vivido ni sentido nunca, el tratar de argumentar qué es, qué se esconde y qué subyace tras el espíritu que imbuye a la Semana Negra de Gijón resulta harto complicado. Quizá sea el buen hacer de sus gestores. O quizá lo fascinante de agrupar en un mismo lugar y tiempo a la mayor parte de referentes de los que tú, como lector que eres, además de autor, sueles disfrutar. Que los autores también somos mitómanos, oiga. O quizá sea el cariño que la organización pone en cada uno de sus detalles para que te sientas como un Gagney cualquiera, «...en la cima del mundo, mamá…». O el ambiente lúdico que prima en todo momento, en todo rincón, sin pausa ni descanso, durante diez días que se te hacen eternamente breves. O quizá lo grato de encontrarte rodeado de una panda de golfos, cierrabarres y sinvergüenzas, algunos de ellos viejos amigos y otros, nuevos amigos por conocer, con los que no cesas de compartir inquietudes y complicidades. Que disfrutan con lo que tú disfrutas, que ríen con lo que tú ríes y que comprenden lo que a muchos otros, con los que compartes tu vida el resto del año, les cuesta tanto comprender...

Lo confieso. No lo sé. No sé de qué se trata. No sé qué es. Tampoco tiene mayor relevancia. No tiene ningún sentido quebrarse la cabeza. Lo único seguro es que me gustaría estar allí, disfrutando de todo lo argumentado. Este año no ha podido ser, pero sé que volverá a ser posible. Es lo que tiene el auparte aunque sólo sea una vez al Tren Negro, ese vehículo del averno que, no me cabe duda, algún día volveré a tomar: que una vez abandonada la estación de la que partiste, estarás irremisiblemente perdido. Para siempre.

Mis mejores deseos, compañeros. Tomaos en la terraza del D. Manuel un whisky a mi salud. Y disfrutad. Disfrutad, malditos.

Etiquetas: , , ,

domingo 4 de julio de 2010

Las cosas bien hechas

No suelo ver televisión más que en casos muy puntuales. No tenía ni idea ni de su existencia ni de que se estaba emitiendo. Decidí echarle un vistazo por recomendación del gran Jorge Díaz, hombre de exquisito criterio y que de cosas de televisión sabe un huevo —no en vano, amén de excelente novelista, es uno de los creadores y guionistas de Hospital Central, una de las series más exitosas del panorama televisivo español. Por algo será—. La serie se llama Ojo por ojo y centra su acción en la Barcelona de 1920, en plena ebullición del pistolerismo anarquista y del conflicto laboral entre obreros y la patronal. Al margen de las obvias concesiones de toda obra de ficción, con sus vericuetos argumentales y su trama amorosa, la serie es buena. Muy buena. Con un gran guión y, sobre todo, una cuidadísima ambientación y una recreación de la época tan precisa como impecable. Una rara avis en el panorama televisivo actual invadido por la telebasura. A aquellos que en su momento se la perdieron, pueden echarle un vistazo en la web de RTVE, aquí y aquí. Mi consejo es que no dejéis de verla.


viernes 2 de julio de 2010

Me pierde esta boquita

Adolezco de muchos defectos. También de alguna virtud. Supongo. Pero los defectos ganan por goleada. Son bastante más numerosos. De entre ellos, hay uno que habitualmente me suele traer por la calle de la amargura.

Soy lo que en lenguaje técnico podría denominarse «un bocas de cojones».

Tengo una lengua que me pierde y me declaro absolutamente incapaz de mantener la boca cerrada cuando creo que debo pronunciarme sobre cualquier aspecto al que se me alude y tengo los datos y argumentos en la mano para hacerlo. Soy incapaz de quedarme callado aun cuando la situación y la prudencia me aconsejen que tal actitud sería la más conveniente.

Ayer me gané la enemistad de una persona debido a ello.

Me encontraba en una reunión con varios amigos, conocidos y amigos de conocidos. Ambiente literario y gente de mal vivir en general. En un momento dado, la conversación derivó hacía la mención a un personaje, un reputado periodista que colabora en distintos medios de alcance nacional. Un periodista de inquietudes literarias que, al parecer, acababa de publicar una novela. O está a punto de hacerlo. No me enteré muy bien. Uno de los presentes resultó ser gran amigo del mencionado y comenzó a glosar bondades sobre su camarada, alabando su gran talla como persona, como profesional y como literato. Durante los primeros embates, me fui callando como pude y me mordí la lengua hasta donde me fue posible. La gota que colmó el vaso fue la observación que el presente hizo con relación a la bonhomía y la honestidad «fuera de toda duda» (sic) del elogiado. Y ahí es donde ya me fue imposible callarme. Sonreí de medio lado —el eterno rictus de sonrisa lobuna que suele aparecer en mi rostro justo momentos antes de meterme en un charco en el que ni tengo vela ni nadie me ha llamado. Quién cojones te manda a ti, Pedrito— e intervine en la conversación para decirle al hagiográfo que su amigo podía ser buena persona, amigo de sus amigos y amante de los animales. Incluso que podía ser buen escritor, pero que, hasta donde yo sabía, era acreedor de un cierto grado de mezquindad y un punto de persona despreciable. Vamos, que si me apuraba un poco, el interfecto era un pelín hijo de puta.

El silencio se podía mascar.

Confuso, el aludido me preguntó que a qué se debía tal afirmación. Yo le dije que tenía referencias precisas de ello, de primera mano, y que en público no deseaba profundizar en las miserias de nadie pero que, en privado, estaría encantado de ofrecerle los detalles. Molesto, mi interlocutor me espetó —con cierta razón, no lo niego— que, puesto que la ofensa se había producido en público, lo justo era justificarla en público. Y le dije que, de acuerdo, pero que, en deferencia a nuestros anfitriones, aquél no era el momento ni el lugar. Y que le daba mi palabra de que ofrecería mis explicaciones en público.

Y aquí estoy para ello. ¿Hay algo más público que un blog? Y, además, con derecho a réplica. Un perfecto dos por uno.

Juzguen ustedes mismos.

***
Hace algunos años un muy buen amigo se erigió en ganador de un certamen literario convocado por una entidad cultural radicada en una capital de provincia de cierta relevancia. La alegría fue mucha porque mi amigo estaba empezando en esto de darle a la tecla y la concesión del premio era una muy buena oportunidad de añadir a su currículo un hito relevante. El día acordado, mi amigo se presentó al acto de recogida del galardón y allí tuvo ocasión de conocer a la persona que, habiendo optado al galardón como él, había sido premiado con el honroso puesto de finalista. Se trataba de un reputado periodista que colaboraba de forma asidua con varios periódicos de tirada nacional. En efecto: tal y como suponen, el periodista antes mencionado. Según le informaron a mi amigo sotto vocce, el periodista andaba un poco escocido por haber quedado finalista, máxime teniendo en cuenta que a) la ciudad donde se convocaba el premio era la ciudad natal del periodista, es decir, que el individuo jugaba en casa y b), uno de sus progenitores era un personaje relevante de la ciudad, con muchos contactos, miembro activo de las fuerzas vivas y que, en su día, incluso llegó a pertenecer a la corporación municipal de la ciudad ocupando una concejalía. Ambos argumentos, unidos a la relevancia de su nombre y su carrera como periodista, parecían haber afianzado al susodicho en la creencia de que la concesión del premio sería poco más que un mero trámite y que estaba prácticamente cantado que sería para su novela —que, en honor a la verdad, no era mala—. Pero no. No había sido el caso. Y la novela de mi amigo fue la que finalmente se alzó con el galardón. Es justo reconocer que el mencionado individuo pareció aceptar con deportividad la cuestión, entendiendo que la única responsabilidad de mi amigo sobre el asunto se circunscribía al hecho de haber escrito una buena novela, mejor que la suya en opinión del jurado. Y sanseacabó. Fueron presentados durante el acto de entrega, a posteriori se tomaron varias cervezas juntos por las tabernas de la ciudad e incluso presentó a mi amigo a su progenitor, el exconcejal. El trato fue en todo momento exquisito, cordial y agradable y mi amigo terminó la visita a la ciudad con un muy buen sabor de boca y una gratísima impresión de su compañero de fatigas literarias. Las bases del concurso literario especificaban que el premio consistía en una determinada cantidad en metálico y la publicación de la novela ganadora. Algo muy habitual entre la bases de concursos literarios. Nada del otro jueves. Pero también especificaban que la novela finalista, si bien llevaba asociado un accesit en metálico, sólo sería publicada a criterio y discreción de la entidad convocante. Al citado periodista le habían asegurado que, por supuesto, su novela sería publicada al igual que la ganadora —Hombre, por Dios... Pues claro que sí... Faltaría más... Basta que seáis vos quien sois... y otros argumentos de similar calado— y, por el momento, en eso quedó el asunto. Todos se fueron para su casa felices y contentos.

Varios meses más tarde, una vez maquetada, corregida e impresa la novela ganadora —la de mi amigo—, se procedió a organizar un acto para presentarla de forma oficial. Con cierta lógica, el evento se llevaría a cabo en la ciudad de la entidad convocante. Con mucha ilusión, mi amigo se trasladó hasta allí dispuesto a pasar una grata jornada. Pero, una vez iniciado el acto, mi amigo comprobó con cierta consternación que al mismo habían acudido tres y el gato. Y uno de ellos pasaba por allí. Mi amigo era plenamente consciente de no tener el poder de convocatoria de Pérez Reverte pero se le cayeron los palos el sombrajo al constatar que hablaría para un auditorio prácticamente vacío. Esa circunstancia en una ciudad que se enorgullece de poseer una cierta tradición cultural y literaria resultaba bastante chocante. Pero el acto terminó por llevarse a cabo. Con más pena que gloria.

Terminado el evento y ofrecidas «off the record» algunas explicaciones por parte de alguna gente que parecía saber de qué iba la vaina, resultó que la entidad convocante había decidido finalmente desestimar la publicación de la novela finalista —mi amigo desconoce los motivos exactos de tal decisión aunque los sospecha, pero, al tratarse de meras conjeturas, prefiere guardarse su teoría para sí—. Enojado ante el incumplimiento de un aparente compromiso pactado de antemano, el finalista se había buscado la vida por su cuenta y terminó por encontrar una editorial que quiso publicar la novela. Poco que objetar. Lo peculiar del asunto es que el susodicho, en una jugada hasta cierto punto maquiavélica, decidió presentar su novela... el mismo día, a la misma hora y en el mismo lugar que la de mi amigo. No una semana después ni una semana antes. No. No un día después o un día antes. No. No un par de horas después ni un par de horas antes. No. Lo hizo el mismo día y a la misma hora haciendo acopio de sus poderes —recordemos, era un personaje de cierta influencia jugando en casa además de un periodista muy bien relacionado— y congregando en su presentación a la mayor parte de periodistas y medios de la ciudad en cuestión que, como digo, era la suya. Es más que probable que el citado periodista no albergase animadversión ninguna hacia mi amigo sino que su aparente maniobra fuese destinada a deslucir el acto convocado por la entidad gestora del premio. Pero la putada se la hizo a mi amigo. Y la excusa de los daños colaterales, para la guerra de Iraq. En la prensa local del día siguiente, la presentación de mi amigo mereció un pequeño recuadro en un rincón de las páginas de cultura mientras que la del finalista ocupó más de media página.

Mi amigo nunca tuvo pruebas que le permitiesen albergar la certeza de que el asunto se había desarrollado tal y como le habían contado, pero todos los hechos ocurridos encajaban milimétricamente con la explicación ofrecida.

***
Y así es como uno termina por ganarse enemigos. De la única manera honrosa que hay de hacerlo: defendiendo a los amigos.

Etiquetas:

jueves 1 de julio de 2010

Decíamos ayer...

A raíz de la entrada de ayer he recibido unos cuantos correos electrónicos —y algún comentario que ha sido pertinentemente borrado del blog. No por su fondo, sino por sus formas. Consiento que se discrepe conmigo, lo que no consiento es que, en mi propia casa, se me miente a la madre— cuyo contenido oscila entre los que me reprochan que no considere justas las reivindicaciones de un colectivo de trabajadores y me increpan directamente llamándome señorito, vendido, aburguesado, aborregado, servil y otras cuantas lindezas más.

Aclarémonos.

Jamás he dicho que las reivindicaciones de los trabajadores de Metro de Madrid sean injustas. Reto a cualquiera a que demuestre que esas palabras han salido de mi boca o de mi teclado.

Si durante estos días —como en los mejores tiempos del caudillo de la voz de pito— las fuerzas del orden hubiesen impedido por la fuerza la convocatoria de huelga de los trabajadores de Metro de Madrid y hubiesen dispersado a la carrera a los piquetes «informativos», todos hubiésemos puesto el grito en el cielo —yo el primero, lo aseguro— por la fragrante vulneración de un derecho esencial recogido en nuestra constitución, un elemento legislativo que a este país le costó 40 años de represión, sangre y sudor. Gracias a Dios, la gran mayoría estamos de acuerdo en que la Constitución es un referente legislativo inamovible y que el justo derecho a la huelga, ganado a pulso durante muchos años de lucha, se recoge de forma inequívoca entre sus artículos. Y contra eso hay muy poco que objetar. La huelga de los trabajadores del Metro de Madrid es absolutamente lícita, se mire por donde se mire.

Pero el juego de la democracia consiste en respetar las leyes promulgadas por consenso. O cambiarlas si se consideran injustas o lesivas. Pero mientras continúen vigentes, su obligado cumplimiento es de vital importancia para que la maquinaria siga funcionando de forma equitativa y con unas mínimas garantías para todos. Y la misma norma legislativa que —de forma absolutamente lícita, repito— considera inviolable el derecho a la huelga establece a su vez el respeto de unos servicios mínimos —considero igual de válidos un 50, un 30 o un 15 por ciento. Pero, aunque mínimos, hablamos de prestar servício— que causen el menor dolo posible a aquellos que no son objetivo directo de la reivindicación que se reclama. Para evitar los «daños colaterales» de quienes, en inferioridad de condiciones, son ajenos al dilema que se debate. Para que, de mala fe, no se vulneren ni se lesionen los derechos de otros ciudadanos que también son acreedores de ellos.

El juego de la democracia no establece que los ciudadanos debamos acatar cuarto y mitad de legislación o expurgar de las leyes aquellas partes que no nos gustan o que resultan incómodas para nuestros intereses. Las leyes se promulgan o se derogan, pero jamás se vulneran. Porque, para todo ciudadano, sin excepción, la vulneración de la ley es un delito. De la misma manera que hubiese sido un delito impedir y sofocar la huelga mediante el uso de la fuerza. El respeto por el consenso, por los derechos de los ciudadanos —de TODOS los ciudadanos— y el fair play no merece menos.

Etiquetas: , ,

miércoles 30 de junio de 2010

Candidiasis, Toxoplasmosis y otras parasitosis

A los responsables sindicales de Metro de Madrid se les llena la boca al hablar acerca de la estricta legalidad de su derecho a la huelga —circunstancia que, por cierto, nadie discute—, exhibiendo afectados y sonoros golpes del pecho al aducir que tal derecho está protegido y respaldado por la propia Constitución, ley de leyes de la jurisprudencia de este país. Lo que ya pronuncian con la boca chica o susurran por la bajini es que el mismo artículo constitucional que garantiza su derecho a la huelga, también garantiza que «...la ley que regule el ejercicio de este derecho establecerá las garantías precisas para asegurar el mantenimiento de los servicios esenciales de la comunidad...» (Art. 28.2 de la Constitución Española). Y que, como dicen en mi pueblo «o follamos todos o tiramos la puta al río». O aceptamos TODOS los términos de la ley o no aceptamos ninguno. Lo que no es ni serio ni de recibo es aceptar la mitad, la cuarta parte o los trece octavos de un artículo legislativo —para ser exactos, la parte que nos interesa— y omitir el resto. Y lo que ya resulta del todo inadmisible es la temerosa irresponsabilidad con la que, con relación a este asunto, se han manejado los máximos responsables de los sindicatos mayoritarios de este país al apoyar y promover una huelga sin servicios mínimos —garantizados por ley, exactamente la misma ley que garantiza su huelga, no lo olvidemos— de una prestación tan esencial como supone el transporte público. Que no se nos olvide —al menos a los ciudadanos de Madrid— que se trata de los mismos elementos que pretenden conducirnos a una huelga general el próximo 29 de septiembre. Les sugiero a estos elementos que, con ánimo de hacer proselitismo al respecto, se acerquen hoy a pie de calle a los dos millones de trabajadores que abarrotan los autobuses de Madrid y que han visto pisoteadas sus garantías legales para ejercer su derecho al trabajo. Que creo que los van a acoger con los brazos abiertos.

Etiquetas: , ,

martes 29 de junio de 2010

De la zafiedad considerada como una de las bellas artes

A raíz de la lúcida y precisa reflexión que el amigo Paco Gómez Escribano ha incluido en su blog y tras saltar por los blogs de algunos de sus comentaristas, he ido a parar al siguiente —estremecedor— documento gráfico.


La incultura, la ausencia de conocimientos o el no haber podido —o incluso no haber sabido— estudiar no tiene necesariamente porqué ser algo reprochable o risible. Cada persona es un mundo. Las más de las ocasiones resulta complicado ponerse en el pellejo del otro y profundizar en las circunstancias que han conducido a alguien hasta una situación concreta, bien sea voluntaria o involuntaria. Pero nadie en su sano juicio duda de la ventaja que supone el conocimiento frente al desconocimiento, el saber frente al no-saber. El auténtico problema no reside en no saber. El auténtico problema reside en jactarse de tal circunstancia y hacer de ello una bandera. El problema está en convertir el desconocimiento, la vanagloria, la petulancia y la zafiedad en un modo de vida y sentirse orgulloso de ello. Como si, hoy en día, la capacidad de aprender, de pensar, de discernir y de tener criterio —y, sobre todo, adquirir las bases necesarias para hacerlo de forma solvente— se hubiese convertido por sí mismo en un penoso lastre, un lamentable modo de complicarse la vida. Como si nuestra meta en la vida pasase por una nueva forma de culto en la que el supremo becerro de oro a adorar fuese la imagen de quien protagoniza el video arriba incluido y sus ¿planteamientos vitales?, los nuevos dogmas de fe. «Mi mundo es mejor que el tuyo porque mi ausencia de conocimientos e inquietudes intelectuales lo hacen más sencillo, menos complicado. Yo, con una consola de videojuegos y un porrito a media mañana tengo solucionado el día. No necesito conocer ninguna mandanga más que me lleve a complicarme la vida». Hacer del anterior enunciado una filosofía de vida es lo que resulta verdaderamente inquietante. Y sobre todo peligroso. Porque al renunciar a conocer los rudimentos de aquello que nos rodea estamos renunciando a su vez a disponer del criterio fundamentado que nos concede dicho conocimiento. Y no parecemos —o no queremos— darnos cuenta de que, sin capacidad de criterio, facilitamos la tarea a aquellos que, a diario, nos sojuzgan, nos conducen y tratan de movernos a través de los caminos que más les convienen. Sin criterio siempre nos fallará la base de nuestra argumentación. Jamás dejaremos de ser un ladrillo más en el muro, sin capacidad ni medios para poner coto a los abusos que continuamente sufrimos, comenzando por el jefe que gobierna nuestra empresa y acabando por los políticos que gobiernan nuestros destinos. Y luego nos quejamos airados y lloramos por los rincones cuando nuestro jefe nos engaña y nos explota o nuestros políticos nos estafan y nos manipulan como quieren.

Y lo más lamentable de todo es que los adalides de esta nueva corriente de neonihilismo ni tan siquiera parecen ser conscientes del pozo en el que ellos mismos se introducen.

Realmente lamentable.

Etiquetas: , , ,

miércoles 23 de junio de 2010

Memoria

Lo comentaba recientemente con un amigo. Todo el que gusta de practicar el honroso oficio de darle a la tecla guarda en su coto privado ciertos hitos que, al más puro estilo navideño de Su Majestad, «te llenan de orgullo y satisfacción». Momentos que atesoras para siempre en el fondo de tu memoria. La gran mayoría de ellos suelen ser primeras veces. El día que firmas tu primer contrato editorial. El día que contemplas el primer ejemplar de tu primera novela. La primera vez que firmas en la Feria del Libro de Madrid. El primer ejemplar en el que estampas una dedicatoria... a alguien completamente ajeno a ti, que no es ni amigo ni familiar. La primera vez que eres reconocido en público en un ámbito ajeno al literario por alguien a quien tú no conoces de nada —ésta depende mucho de lo anodino o peculiar que sea tu aspecto físico. En mi caso tiene poco mérito. Con la pinta de macarra chungo que tengo, quien me ve una sola vez, aunque sea en foto, ya no me despinta. No fue la primera, pero recuerdo la más graciosa, una ocurrida una vez en mitad del Ikea... que quizá cuente en otra ocasión—. En fin, que hay momentos a lo largo de esta singular carrera de fondo que es la Literatura que permanecen siempre como recuerdos imborrables. Entrañables las más de las veces. Gratos casi siempre.

En otras ocasiones, el suceso no tiene nada particularmente emotivo ni trascendente, pero, debido a no se sabe bien qué extraño mecanismo, decides archivarlo en el disco duro de tu memoria y recordarlo de cuando en cuando con un afecto especial. En muchas ocasiones, el motivo no tiene nada que ver con el hecho en sí. Quizá ese día estabas particularmente contento. O te resultó particularmente simpático el contexto. O la forma. Quién sabe. Verbigratia.

-oOo-

Sección de libros de un Corte Inglés ubicado en un gran centro comercial. 18:30 P.M. Me acerco a la dependienta con intención de preguntarle por un título.

—Buenas tardes, ¿tienen algún ejemplar de un libro titulado...[menciono el título]?

La dependienta, una mujer madura de aspecto afable y resuelto, se vuelve ante la consola del ordenador y comienza a teclear el título que le he dado. Mientras lo hace, me pregunta de forma distraída, sin siquiera mirarme.

—¿Eres el autor?

La pregunta me pilla a trasmano. Más que nada porque asumo y presupongo que no se la hace a todo el mundo que se acerca a preguntarle por un libro.

—Errrr... No... De éste, no.... De otros, sí —añado con una sonrisa de circunstancia.
—Lo sé. Eres el autor de El documento Saldaña. Te lo he preguntado por si era el último que habías publicado. No sabes la cantidad de escritores que se acercan «de incógnito» a preguntarnos por sus propios libros para saber si disponemos de ellos en stock.

Más sonrisa de circunstancia. Yo mismo he jugado a ese juego en varias ocasiones.

—No, en este caso, no. Se trata de un libro de un amigo que quiero comprar.

La mujer continúa tecleando en la consola. Anota una referencia y cambia de aplicación. Introduce la referencia anotada. Mientras aguardo la respuesta, me animo y me lanzo a preguntar.

—¿Ha leído usted El documento Saldaña?
—Sí.
—¿Y qué le pareció?
—Me gustó mucho. Sus dos protagonistas me resultaron entrañables, sobre todo Miguel Cortés. La historia era muy buena y la acción estaba bien contada, muy dinámica. Lo leí casi de un tirón.
—No sabe cómo me alegra escuchar eso.
—¿Tiene previsto recuperar a los mismos personajes para alguna novela futura?
—Lo cierto es que sí. Tengo un argumento en mente en el que ambos encajarían bastante bien.
—¿Cuándo se publicará?
—No, no... Aún no está ni escrita. Por el momento, sólo dispongo de un breve esbozo de la trama. Nada más.
—Lástima. Me tocará esperar para poder leerla. Espero que no demasiado.


La mujer se encamina hacia una estantería cercana y me hace entrega de un ejemplar del libro por el que le había preguntado. Tras abonarlo salgo del centro comercial con una sonrisa de oreja a oreja. No porque me haya reconocido yendo «de incógnito» sino porque ya ha transcurrido casi año y medio desde el lanzamiento de El documento Saldaña. Y aún hay gente que continua guardando memoria de personajes que yo he creado.

Etiquetas:

jueves 17 de junio de 2010

Reencuentros

Es curiosa la relación suele mantenerse con los personajes a los que uno ha dado vida. Tiene mucho de psicoanalítico. Freud estaría encantado. Durante meses has convivido con ellos, has formado parte de su vida y ellos de la tuya. Has reído cuando ellos reían, sufrido cuando ellos sufrían, te has enojado cundo ellos lo hacían y te has alegrado con su alegría. Has deseado que sus aventuras —o desventuras— terminasen felizmente y que, en el trayecto, no lo pasasen demasiado mal. Un día no te queda más remedio que poner punto final a esa relación. Y los ves partir. Y desde ese día, ellos siguen su camino y tú, el tuyo. Y ya no compartes su vida. Ahora son centenares de amigos los que lo hacen en tu lugar. Abren esas páginas en las que su universo se convierte en un territorio común y escrutan minuciosamente el devenir de sus andanzas. Y también ríen, se enojan o se alegran. O se aburren, que también puede ocurrir. Y tú no vuelves a saber de tus antiguos compañeros de viaje salvo por menciones puntuales de esos amigos que tienen la deferencia de mantenerte al tanto —por correo electrónico, por carta o en persona cuando coincides con ellos— de lo que ocurre cuando tus viejos compañeros pasan a formar parte de su vida cotidiana.

Pero, para ti, ya no forman parte de la tuya. Han pasado a ocupar un lugar en ese equipaje de recuerdos gratos que todos llevamos encima.

Sin embargo, un día, de repente, casi sin pretenderlo, te asalta el recuerdo de los buenos momentos pasados y te apetece verlos de nuevo, saber que ha sido de ellos durante el tiempo que no habéis permanecido alejados. Saber cómo les ha ido en la vida. Y decides recuperar el contacto. Y la sensación es similar a la del reencuentro con ese viejo amigo al que hace tiempo que no ves. Y sabes de antemano que ya no será lo mismo. Quizá los dos seáis más viejos y estéis más cansados, quizá la vida os haya tratado bien o, por el contrario, os haya dado palos por todos los lados. Quizá ya no reconozcas en su mirada el brillo cómplice de aquél a quien acompañaste durante meses y que tan gratos momentos te proporcionó. Pero te da igual. Sea como sea, no puedes evitar que un cosquilleo alboroce tu ánimo ante la simple idea de volver a encontrarte con él.

Ahora os dejo. Tengo una cita pendiente en el Kitty's Heaven para compartir whisky y confidencias con Miguel Cortés. Quiero saber que ha sido de su vida durante este tiempo en el que ambos hemos estado ausentes. Seguro que tiene cosas fascinantes que contarme.

Etiquetas: , ,

lunes 14 de junio de 2010

Feria del libro de Madrid. Último round

El viernes por la tarde, el escritor Jerónimo Tristante celebró un encuentro con los lectores en un lugar de excepción: el auditorio del Museo del Romanticismo de Madrid, abierto de nuevo al público recientemente tras una excesiva e indeseada clausura para su rehabilitación. Un servidor albergo el honor de ser invitado en calidad de presentador e introductor del acto y allá que nos fuimos. El evento, que congregó a viejos amigos y conocidos —la gente de los foros literarios AbreteLibro y ForoLibro, el autor Jorge Magano, el escritor y cronista de la actualidad literaria madrileña Armando Rodera (este chico tiene el don de la ubicuidad)...—, transcurrió en un ambiente cómplice, ameno y distendido donde Jerónimo demostró sus tablas y su buen hacer a la hora de meterse al publico en el bolsillo. Se desvelaron diversos aspectos de su obra y se hizo especial hincapié en su trilogía protagonizada por el detective Víctor Ros, de la que Jerónimo acaba de publicar su última entrega, la más que recomendable El enigma de la calle Calabria. Tras la charla y la preceptiva ronda de preguntas, la gestora del Museo, la diligente y encantadora María Jesús, tuvo la deferencia de invitarnos a los presentes a un recorrido a puerta cerrada por el museo. Tras la visita he de confesar que su prolongado cierre, aún habiéndose demorado más de lo deseable —guardo una entrañable y divertida anécdota al respecto ocurrida durante la redacción de El documento Saldaña—, está plenamente justificado. Los responsables del museo han llevado a cabo una impecable labor de restauración y reorganización de contenidos, convirtiendo la visita a este excepcional palacio de finales del siglo XVIII en algo no sólo recomendable sino absolutamente imprescindible.















[fotografías: Jerom Ferrández]

Terminado el evento y tras una cervecita rápida con los asistentes, me dirigí a la fiesta que cada año organiza el grupo Planeta con motivo de la clausura de la Feria del Libro de Madrid. Un encuentro que, junto con la fiesta de El Mundo y la de Random House Mondadori, se ha convertido en uno de los más clásicos «can't miss» literarios de la capital —¡tóma ya!, redactando como si esto fuera para Vogue—. La ocasión perfecta para reencontrarme con viejos y queridos amigos a los no tengo ocasión de frecuentar tan a menudo como me gustaría. Nada más llegar me encuentro con la dicharachera Isabel Camblor, con Francisco Valbuena y con el director de Culturamas, mi viejo amigo Javier Vázquez Losada. También me encuentro con mis queridas Gloria Fernández Rozas y con Isabel Martín, que publica una novela por estas fechas titulada La curandera de Atenas de la que me han asegurado que es canela fina. Y con mi apreciado Javier Puebla que, para la ocasión, había cambiado su impenitente sombrero por una gorra y estaba cuasi irreconocible —parece una tontuna pero es rigurosamente cierto—. Durante la velada me presentan a Manuel Francisco Reina —un tipo realmente encantador— y tengo ocasión de intercambiar saludos y unas palabras, entre otros, con David Torres, Nacho del Valle, Fernando Marías, Marta Rivera de la Cruz y de darle un abrazote y mi más efusiva enhorabuena a la guapísima Vanessa Montfort, flamante ganadora tan solo un par de días antes del premio Ateneo de Sevilla. Cumplido el objetivo, me retiro discretamente con destino a otra cita: en un restaurante cercano cenan los asistentes a la charla del Museo del Romanticismo antes mencionada acompañados por Juan Ramón Biedma —que ha acudido a Madrid para promocionar su última novela, la excelente El humo en la botella— y el golfo de Carlos Salem. No puedo marcharme a casa sin, como poco, pasarme a saludar a todos los miembros de la Generación Torrezno reunidos al fin tras tanto tiempo, asumiendo lo que eso supone. Lo que supuso. Acabar a las dos de la mañana en Los diablos azules degustando uno de los mejores gintonicsEmilio's se llamaba el combinado— que me han servido nunca.

Qué sufrida es la vida del novelista.

A la mañana siguiente toca jornada pululando por los stands Feria del Libro y serias promesas de pasarlo mejor que bien. Por desgracia, el tiempo no acompaña y caen chuzos de punta desde muy temprano. Nos pasamos por la caseta de Salto de Página donde firma un sorprendentemente entero —el último gintonic de la noche anterior me lo tomé con él— Carlos Salem. Justo al otro lado del paseo firma un atribulado Tristante al que los lectores que ya tenía arremolinados frente a la caseta le han huido a consecuencia del último chaparrón. Tras saludar a ambos dos me encamino hacia la caseta de Estudio en Escarlata donde firman Biedma y el genial Óscar Urra. La feria, floja, y la lluvia, que no cesa. A las dos y media se termina la sesión de firmas de la mañana y nos marchamos todos juntos a comer acompañados por nuestra respectiva parentela y por algunos amigos sumados a última hora —David Bakerman Panadero, Rubén Sánchez Trigos, Cristina Bronte...—. Ya en el restaurante se nos une la visita más esperada de la jornada, recién llegada del mismo Cuenca: Sergio Vera, de quien ya he hablado en otras ocasiones en este blog, acompañado por su padre, José Ángel. Mesa, sobremesa y tarde de risas, copas y más risas —y más copas— a las que se sumó a última hora Eduardo Melón. Menuda caterva de golfos y sinvergüenzas. Casi nos tienen que echar del restaurante y si al final no resultó necesario fue debido a que alguno de los presentes firmaba esa tarde y como para esas cosas son muy serios y profesionales, nos marchamos de allí motu proprio. Una vez de vuelta a la feria y mientras el resto de bandarras del grupo firmaban lo que podían, yo pasé la tarde en compañía de los conquenses. Estuvimos saludando al siempre cordial Lorenzo Silva —autor por quien Sergio alberga una gran estima ya que sus obras fueron las que le iniciaron en la novela policiaca— y ya a punto de marcharse de vuelta al terruño, El niño de Cuenca —estupendo nombre para un torero— pudo poner la guinda a su visita a Madrid gracias al encuentro casual con uno de sus autores más admirados: David Jasso —un tipo encantador, sencillo y cordial donde los haya al que asaltamos en mitad del paseo y poco menos que secuestramos para que Sergio pudiese conocerlo—. Tras la marcha de los de Cuenca y el término de la sesión de firmas de la tarde por parte de aquellos que estaban obligados a ello por contrato, procedimos a tomarnos un momento de relax antes de dar por concluida la jornada ¿Dónde? En una cervecería cercana, como mandan los cánones. Y para allá que nos fuimos, acompañados de —otra vez— nuestras respectivas parentelas, Biedma, Tristante y un servidor en compañía de una popular escritora que se unió al grupo y cuyo nombre omitiré ya que prefiere permanecer en el economato —debe ser que no le gusta que se sepa que anda con según que gente. La verdad es que no me sorprende. Yo, si pudiese, también lo haría— . Así, de esta bucólica manera, entre cervezas y raciones de chopitos degustadas hasta altas horas de la madrugada, dimos por terminada la extenuante jornada con la que, para mí, concluyó esta edición de la Feria del Libro —el domingo no pude asistir a la feria por compromisos de otra índole—. A la espera de la siguiente. Un año más. Hasta el año que viene.

Etiquetas: , , ,

miércoles 9 de junio de 2010

Huelga general

Si alguien me para por la calle y me pide que participe en una colecta para erradicar el hambre en África, no tendría el menor inconveniente en ofrecer un donativo con el fin de ayudar a paliar tan dramático problema. Si quien hace tal petición es un tipo lenguaraz y malencarado que acaba de salir de un bingo y al que aún le asoman por la solapa del bolsillo los cartones de la última partida mientras, en su otra mano, sostiene un vaso de whisky, obviamente no estoy dispuesto a darle ni un solo duro. Y todavía se llevaría un par de hostias si se pone tonto.

No es el motivo ni la finalidad, es una cuestión de credibilidad. Es el quién y el cómo.

Si hay algo que tengo meridianamente claro es que, en caso de convocarse una huelga general, yo no estoy dispuesto a sumarme a ella. No porque no me parezcan lícitos sus planteamientos ni justas sus reivindicaciones sino porque hace tiempo que dejé de creer y confiar en quien está tras la botadura de ese barco de incierto rumbo. Hace tiempo que dejé de creer y confiar en aquellos que se han estado haciendo arrumacos con ese gobierno contra el que ahora dicen protestar airadamente mientras este país alcanzaba cuatro millones de parados. Hace tiempo que dejé de creer y confiar en quien, haciendo gala de buena educación y maneras, durante todo este tiempo en el que nos hemos ido despeñando cuesta abajo no ha dicho ni una sola palabra, seguramente porque «es de mala educación hablar con la boca llena».

Hace tiempo que dejé de creer en la labor de los sindicatos. Al menos, en los de este país.

Sé que mi opinión no es minoritaria. Me consta que hay muchos más que piensan de esta misma manera. Pero ello tampoco es motivo para que el gobierno se ufane echando las campanas al vuelo. No es que la tibia aceptación que, a día de hoy, tendría una huelga general sea mérito suyo. Es que han tenido la inmensa fortuna de que sus adversarios en esa contienda convencen aún mucho menos que ellos.

Etiquetas: ,

lunes 7 de junio de 2010

Feria del libro de Madrid. Segundo round

El sábado por la tarde tuve el inmenso placer de ver debutar a mi querida amiga Irene Mora quien, con su excelente primera novela La pluma de Monteverdi, se estrenaba en estas lides de la firma de ejemplares. Lo cierto es que no le fue nada mal y firmó más ejemplares que algunos autores de casetas aledañas. Me alegré mucho. Le tengo ley a esta mujer que sabe transmitir ambientaciones históricas como muy poca gente es capaz. Tras saludarle y desearle la mejor de las suertes, Cristina —mi agente— y yo fuimos a dar un paseo y a saludar a los amigos. Estuvimos con Domingo Villar, que firmaba a diestra y siniestra su estupenda La playa de los ahogados, y disfruté del inesperado encuentro con Ana Pérez Cañamares y Manuel, a quienes hacía siglos que no veía. También estuve hablando un rato con Pablo Mazo en la caseta de Salto de Página. Su primera incursión en la Feria del Libro de Madrid parece estar yéndoles de maravilla. Lo cual no me sorprende a la vista de su excelente catálogo. Continué con la visita obligada a la caseta de Estudio en Escarlata donde José Ramón Gómez Cabezas firmaba ejemplares de su novela Réquiem por la bailarina de una caja de música —cuando se dice que la novela negra, la buena novela negra, esta viviendo un momento glorioso, no es en vano. Éste es un gran ejemplo— y donde adquirí un ejemplar de El asedio de Arturo Pérez Reverte con el ánimo (iluso) de volver al día siguiente por la mañana para que me lo firmase. Cumplidas las tareas de esa tarde, tocaba descanso y me senté en una de las terrazas del recinto donde había quedado para compartir una cerveza y un rato de charla con mis queridos Guzmán Alonso y Miriam a los que también hacía tiempo que no veía. El problema es que Guzmán tiene más peligro que Leire Pajin en una conjunción planetaria y el rato de cervezas y charla se convirtió en peregrinación de bares y sesión de risas, anécdotas y cervezas fresquitas que duró hasta las dos de la mañana. Exactamente hasta la hora en que nos echaron del bar porque cerraban. Pero lo disfruté de cojones, a qué negarlo.

El domingo me levanté todo lo temprano que pude —que no fue mucho— con ánimo de acercame a la firma de Pérez Reverte. Auguraba una larga fila de lectores ya que el susodicho llevaba doce años sin acudir a la Feria, pero me dije: «Bueno, todo será que tenga que pasarme casi toda la mañana». Fui demasiado optimista en mis previsiones. Sin duda alguna, en esta edición, Pérez Reverte es el que la tiene más larga. Tras aguardar 40 minutos de reloj en una fila en la que parecía que regalaban algo y haber avanzado apenas unos pocos metros en ese tiempo, fui consciente de que regresaría a casa sin el garabato en cuestión. No hay mal que por bien no venga. Abandoné la fila —para el presumible alborozo de los que aguardaban tras de mí. «Uno menos», supongo que pensarían— y fui a saludar a mi estimado Oscar Urra que se estaba hinchando a firmar ejemplares de sus dos novelas protagonizadas por Julio Cabria. Tras el saludo y una cervecita, vuelta a casa, a pasar una tarde introspectiva, en calma, recogimiento y meditación.

En resumen: fin de semana a ritmo tranquilo en el que tuve ocasión de —o al menos lo intenté— reponer fuerzas para lo que será el evento universal del siglo —o, al menos, del próximo fin de semana— : la ansiada y esperada reunión de los miembros fundadores de la Generacion Torrezno. Pero eso lo contaré en el próximo round. Si sobrevivo.

Etiquetas: , , ,

jueves 3 de junio de 2010

Vuelve Durruti

Hace unos meses expliqué en una entrada de este blog las circunstancias que confluyeron en su día en la publicación de El hombre que mató a Durruti. Al margen del natural cariño que cada uno guarda hacia su propia obra, en su momento comenté —y lo sigo sosteniendo— que «creo honestamente que, incluso con sus carencias y torpezas —que las tiene—, es una buena novela. Una novela digna que mereció algo más de suerte». También comentaba que estaba buscando la forma de concederle esa segunda oportunidad que, a mi juicio, merecía.

Al parecer, el momento ha llegado.

A primeros del presente año se puso en contacto conmigo una editorial afincada en Málaga. El editor había conocido el texto a través de un amigo común y le había encantado. Me tomé la noticia con la adecuada cautela. No era la primera vez que el texto suscitaba el interés de un editor, pero después, por diversos motivos que estaría de más reseñar aquí, el asunto solía quedar en agua de borrajas. Sin embargo, tras una serie de conversaciones, sugerencias y acuerdos sobre la forma de plantear determinados aspectos, el asunto parece haber llegado, al fin, a buen puerto

Habemus novela.

Ya lo he comentado en algunos lugares a título particular pero creo que ha llegado la hora de hacerlo oficial. Me complace comunicar que, este otoño de 2010, saldrá a la calle una nueva edición de El hombre que mató a Durruti. Aún estamos trabajando en el proyecto, puliendo detalles y contenidos, pero puedo confirmar al menos dos aspectos: 1) el volumen editado constará de una versión revisada y corregida de la novela original en la que se han pulido diversos aspectos que en su anterior edición resultaban mejorables y 2) al texto de ficción lo acompañará un extenso epílogo de carácter ensayístico que versará en torno a la figura de Buenaventura Durruti, a las circunstancias que rodearon su vida y su muerte y a las motivaciones que en su día me condujeron al desarrollo de la novela, explicando algunos aspectos de la génesis de la misma. Me gustaría insistir en la circunstancia de que este epílogo no es tan sólo un mero relleno sino que se trata de un intensivo estudio que incide sobre aspectos muy particulares de la vida de Durruti y de las personas que convivieron con él y lo acompañaron hasta su último día. Un estudio que incluye algunos datos inéditos hasta la fecha que, aseguro, darán bastante que hablar.

Queda pues dicho. Según el proyecto vaya avanzando, iré comentando en este blog las pertinentes novedades. De momento, no queda sino dar las gracias de corazón a todos aquellos que durante estos años han mostrado su interés por este asunto y pedirles que tengan paciencia durante unos pocos meses más. Espero poder compensarles en la medida que se merecen.

Etiquetas: , ,

domingo 30 de mayo de 2010

Feria del libro de Madrid. Primer round

Este año, la feria se inicia para mí un día antes de su comienzo oficial. El pasado jueves se presentaba en Madrid La estrategia del agua, última —y estupenda— novela de Lorenzo Silva. Al acto, que tuvo lugar en los jardines de Cecilio Rodriguez, acudieron un amplio elenco de altas personalidades empezando por la plana mayor de la Guardia Civil y finalizando por el mismo alcalde, Ruiz Gallardón. Y yo. Yo también estuve. Obviamente, mi categoría y rango no me permitió acercarme a tan magnos e ilustres visitantes, pero lo pasé de miedo conversando con apreciados colegas como Javier Puebla y el propio Lorenzo, y viejos y no menos apreciados amigos del foro de Lorenzo Silva como Twina, Dafne, Lydia y Etéreo. También anduvo por allí la avispada aprendiz de periodista Elena Rosillo que ha publicado en su blog una excelente crónica, mucho más interesante que lo que pueda contar yo por aquí.

El viernes, la fiesta de El jardín de las letras, convocada por El Mundo y La esfera de los libros, evento con el que tradicionalmente se da el pistoletazo de salida a la Feria de Madrid. Llegué algo tarde por circunstancias que no vienen al caso. Muchas caras conocidas y placentero reencuentro con viejos amigos a los que hacía mucho tiempo que no veía: Félix G. Modroño, Víctor Fernández Correas, Begoña Minguito, Silvia Pérez Trejo, Alfonso Ruiz de Aguirre, Irene Mora… Charlas interesantes en torno a un tema común: está la cosa muy malita, también referido como ¿qué coño está pasando en el mundo editorial? Las dificultades para publicar —¿será la manida crisis?— son patentes para la mayoría de autores que conozco, alguno de ellos no sólo consagrados sino que además cuentan con textos de impecable factura. La noche termina diluyéndose entre whiskys y grupúsculos de conspiradores. Muchos de los presentes comienzan a marcharse para empalmar con la fiesta de CONTEXTO, una agrupación de editoriales surgida con el fin aunar esfuerzos. Yo me tomo la última copa y me marcho para casa. Cada día tiene uno menos edad para ciertos jaleos.

Sábado por la mañana. He quedado para comer con Celia Santos, alma mater de la web literaria masquepalabras.info —con la que había coincidido sin pretenderlo la noche anterior en la fiesta de El Mundo— y con algunos de sus colaboradores: mi apreciadísimo Miguel Baquero, el genial Eduardo Cruz y el omnipresente —y no menos apreciado, que conste— Armando Rodera. Nos hemos citado en la caseta de Estudio en Escarlata a donde llego tras haberme pasado a saludar a un par de amigos que montan guardia en sus respectivas casetas —Daniel, editor de Salto de Página, Domingo Villar…—. Una vez llego al punto de encuentro tengo ocasión de abrazar a mi compadre, el golfo de Carlos Salem, y de conocer al fin en persona a José Luis Muñoz, egregios firmantes ambos en Estudio en Escarlata durante la mañana del sábado. También me encuentro con el inefable Paco Gómez Escribano —toda la buena gente acabamos encontrándonos en los mismos sitios— y con una grata e inesperada sorpresa —toma claro, por eso es inesperada. Porque es una sorpresa—: coincido con la estupenda fotógrafa Alicia Nuñez, creadora de la célebre exposición El corazón de África, con la que tuve el privilegio de colaborar poniendo texto a una de sus imágenes para la edición del catálogo que acompañó a la exposición. Tras unas cervezas y unas risas, marchamos directos a un restaurante italiano cercano donde comimos bastante bien y continuaron las risas. Por la tarde, vuelta a la Feria donde nos tomamos un par de digestivos a la sombra de una de las terrazas. Un par de mesas más allá Alberto Vázquez Figueroa se fumaba un puro como la copa de un pino mientras por nuestro lado pasaba la infanta Elena escoltada por una legión de armarios roperos. Es lo que tiene la Feria. Que te encuentras con cualquiera. Pasada la modorra —sólo un poco— de la digestión, decidimos dar una última vuelta para ver a quién nos encontrábamos. Yo tuve la suerte de hacerlo con mi apreciado amigo Andrés Pérez Dominguez, a quien su novela El violinista de Mauthausen le está yendo de fábula. No me sorprende. La novela es estupenda. Me encuentro de nuevo con Paco Gómez Escribano y, tras los saludos de rigor, vuelvo para casa que, tras tres días para arriba y abajo, ya toca descanso.

¡Gong! Fin del primer asalto.

Etiquetas: , , ,

viernes 21 de mayo de 2010

Encantadores de serpientes

«Esta subida de impuestos la van a pagar los ricos», claman desde instancias del gobierno. Lo cierto es que como declaración de intenciones está bastante bien. Populista, pero bastante bien. Suena de maravilla y hasta desprende cierto tufo a justicia social. Sobre todo teniendo en cuenta que ahora resulta necesario congraciarse con la opinión pública después del tijeretazo infligido a los derechos sociales de ciudadanos y trabajadores —insisto de nuevo en el concepto. Con ciertos privilegios o no, los funcionarios siguen siendo curritos—. Y lo que, me temo, aún nos quedará por ver.

Pero vamos a demostrar —again— a estos vendedores de humo que no nos chupamos el dedo y que, gracias a ellos, cada español prácticamente posee un doctorado en análisis de demagogos, charlatanes y vendedores de pócimas crecepelo.

1) Desde que el mundo es mundo, la vida es vida y la economía una ciencia se sabe que, ante la necesidad de recaudar dinero por parte de un estado, la forma efectiva de hacerlo es cobrarle un euro a diez mil personas, no cobrarle 100 euros a treinta. Por lo que mucho nos tememos que el truco no va a consistir en cobrarle cantidades astronómicas a aquellas personas adineradas que puedan pagarlas sino en perfilar y establecer el límite que determinará tal estatus. ¿Quién será rico? ¿El que gane más de trescientos mil euros al año? ¿Cien mil? ¿Sesenta mil? ¿Treinta mil? Al final de todo esto, la única consecuencia y deducción posible es que USTED será rico, no lo dude.

2) Una de las consecuencias de la nueva economía es que el dinero se convierte en un elemento sumamente volátil. Y con la libre circulación de capitales vigente en Europa aún mucho más. Usted y yo no podemos —o no nos sale a cuenta— domiciliar nuestra nómina en una cuenta de un banco suizo. O belga. O alemán. Pero alguien que maneja su capital en cientos de miles de euros sí. En un hábil ejercicio de lógica deductiva, adivine quién mantendrá cautivo su mermado patrimonio y quién, por contra, se llevará su capital fuera del país en cuanto le hostiguen un poco más de lo imprescindible. Es decir, quién, al fin y al cabo, acabará pagando el aumento de impuestos cuando no haya ningún otro capital del que echar mano. En efecto. Esos mismos.

3) La medida de tratar de sacar dinero a los ricos, por muy honorable, justa y equitativa que aparente en su planteamiento teórico, es, en sí misma, idiota desde el mismo momento de su concepción. Como todo el mundo perfectamente sabe, los auténticos ricos, los ricos pata negra, los que podrían sufragar holgadamente una buena cantidad de medidas sociales con su patrimonio, JAMÁS tienen han tenido ni tendrán dinero. A título de curiosidad me encantaría contemplar una declaración de la renta o de patrimonio de Emilio Botín. Y ver los bienes e ingresos que genera. A su nombre. Testaferros y fideicomisos aparte.

Con esto damos por concluida la unidad didáctica de hoy. Hasta la siguiente.

Etiquetas: , , ,

lunes 17 de mayo de 2010

Private joke

Como ya se ha hecho público, no tiene sentido ocultarlo por más tiempo.

Quien disponga de ejemplares de ambas novelas, que lea y compare el pasaje (Muñecas tras el cristal) en el que Jaime Areta acude a tomar una copa a un bar tras su encuentro en el club de golf con Laura, su amiga de la infancia y el pasaje (El documento Saldaña) en el que Lola y Cortés toman una copa tras su primer encuentro con Wolf, el informático.

Tontunas de un gamberro. O gamberradas de un tonto. As you like it

PS.- El genial novelista Jorge Díaz (Los números del elefante) estrena columna en el magazine Culturamas. Ni se os ocurra perdérosla.

Etiquetas: , ,

viernes 14 de mayo de 2010

Libros que merece la pena leer

A finales de este mes se pone a la venta El humo en la botella, la esperadísima nueva novela de Juan Ramón Biedma en la que el autor retoma y completa el periplo seguido por los personajes de El efecto Transilvania situándolos varios años después. Una novela que, por fortuna y tras no pocas vicisitudes, ve por fin la luz de la mano de los chicos de Salto de Página, lo cual no resulta ni mala compañía ni poca garantía.

Albergo admiración por un amplio número de escritores, pero hay muy pocos a quienes realmente envidie. Dentro de ese reducido grupo, Juan Ramón Biedma ocupa un lugar preferente. Como novelista, yo mataría por firmar una novela como El imán y la brújula, por ejemplo. Biedma sabe manejar como nadie un espacio narrativo muy difícil de ejercer sin caer en excesos, un territorio que si tratásemos de etiquetarlo y calificarlo, tarea realmente ardua tratándose de un autor tan incalificable como Biedma, podríamos decir que se acerca a —sería más acertado decir que sobrepasa— los márgenes de lo que podríamos llamar fantasía de inspiración gótica. Pero la literatura de Biedma es realmente mucho más que eso. Tan desasosegante como sutil, sus textos se introducen por los resquicios del lector y se dedican a manejar nuestros temores con una destreza inaudita a base de pulsar resortes que incluso nosotros desconocíamos que se encontrasen ahí. Oscuros e inquietantes, los mimbres con los que teje sus tramas dan lugar a personajes y ambientes desquiciados, oníricos, distorsionados, fuera de foco y sin embargo, tan genuinamente cautivadores que, una vez te halles inmerso en el universo Biedma, una vez hayas sido atrapado por sus tentáculos, te será imposible salir de él. Leer un texto de Biedma supone una experiencia que va más allá de lo literario. Supone aceptar un juego en el que, aun disfrutándolo, hasta el final nunca estarás seguro de si vas a ganarlo o no.

Los Biedmanófilos estamos de enhorabuena. Y tú también. No te pierdas El humo en la botella. Atrévete. No te arrepentirás.

Etiquetas: , ,

jueves 13 de mayo de 2010

Las nuevas ropas del emperador

Ayer, al fin, el emperador no tuvo más remedio que reconocer que iba desnudo. Que el traje que se había empeñado en lucir todo este tiempo ni estaba hecho de una tela maravillosa que sólo podía ser vista por gente excepcional ni pollas en vinagre. Ayer, José Luis Rodriguez Zapatero admitió, al fin, algo que la ciudadanía en general tenía más que asumido desde hacía tiempo: que estamos más jodidos de lo que creíamos. Y que la forma de solventarlo es que todos arrimemos el hombro. El problema es que bajo ese mayestático «todos» quizá no se encuentren todos los que son aunque si sean (somos) todos los que están (estamos). Y las primeras medidas propuestas para ese «todos» es el recorte y congelación del sueldo de los funcionarios —que con mayores o menores prebendas (unos más y otros menos), no dejan de ser curritos, no lo olvidemos— y la congelación de las pensiones —que también fueron curritos hasta hace muy poco—. Es decir, que bajo ese «todos», al menos y de momento, yo no me estoy encontrando con que realmente estemos todos.

Lo que se reprocha no es la solución tomada por esta legión de desnortados. Al menos, no sólo. Es también la necedad de tomarla a estas alturas, urgido por las evidencias y tras negar la mayor por activa, por pasiva, por arriba y por abajo durante tanto tiempo. Y que, quizá, no tendríamos necesidad de estos lodos si no hubiésemos tenido los polvos que hemos tenido. Y esos palos de ciego que, por omisión más que por acción, han contribuido en su medida en situarnos en la triste tesitura en la que nos encontramos: medidas evidentemente electoralistas como la reducción fiscal de 400 euros en el IRPF o el cheque bebé —cuando, si lo que de verdad se pretendía era ayudar a las unidades familiares, ese dinero podría haber sido empleado en algo tan útil y auténticamente necesario como la creación de guarderías gratuitas Por poner un ejemplo. Pero ese tipo de soluciones son menos efectistas y generan menos réditos políticos—; despropósitos como la instauración de unidades administrativas —ministerios, secretarías, subsecretarías et al.— de funcionalidad manifiestamente inútil o, cuanto menos, de productividad muy limitada —no me hagan dar el nombre de dos que tengo ahora en mente. Al igual que los tiene ustedes—... No se trata de cargar las tintas contra las propias medidas en sí. Nadie es tan idiota como para negar las bondades y los beneficios que supone cualquier tipo de ayuda social. Se reprocha lo oportuno de las mismas y su idoneidad. Como nadie niega las bondades de comer jamón ibérico 5 jotas a diario o de conducir un Mercedes último modelo. Se reprocha el que te arruines empeñando tu vida y tu hacienda para poder hacerlo.

Manda cojones que el mayor recorte social que ha sufrido este país desde que accedimos ala democracia se haya producido durante la funesta gestión de un gobierno cuyos principios ideológicos se asientan precisamente sobre la defensa a ultranza del bienestar de esa misma sociedad a la que ahora trasquilan. Si estos son el último bastión del proletariado, déjenlo. No nos salven. Casi mejor que lo dejamos en tablas. Y ya nos apañaremos nosotros.

Etiquetas: , ,

miércoles 12 de mayo de 2010

Urban Guerrilla Warfare

Vaya por delante que no tengo nada en contra de la música rap. Todo lo contrario. Sin ser ni mucho menos de mis favoritos, siempre he albergado cierta querencia hacia este estilo musical. No en vano uno se ha criado en Alcorcón en una época muy concreta y ya paraba por El Sapo Azul cuando por aquí sólo había algún que otro breaker —uno trató de hacer sus pinitos pero prefiero olvidar tamaño desatino—, tres BBoys y el gato. Admiro y respeto mucho el ingenio que desbordan las peleas de gallos bien hechas, los freestyle con estilo y la dificultad que supone trabajarse un flow —melodiosidad en la cadencia de las frases— con clase y bien hecho. Hasta ahí, nada que alegar. Respeto, man.

Existe un fenómeno en USA que, por diversos motivos, siempre me ha resultado muy llamativo: el movimiento gangsta. De carácter eminentemente marginal e íntimamente ligado a determinadas tendencias dentro del rap y el hip hop, el gangsta, para muchos, más que una corriente o un modismo, supone una forma de vida basada en la sublimación de la violencia callejera, las drogas, el dinero fácil, las armas, el lujo y la vida rápida y a tope. Dicho movimiento —que incorpora sus propios códigos y convenciones morales y sociales— tuvo una fuerte implantación en los años ochenta y noventa, particularmente en los barrios marginales de las grandes urbes de ambas costas estadounidenses (la este y al oeste), donde la vida en la calle, en conjunción con la ausencia de perspectivas de futuro, los pandilleros y la libre circulación de armas formaban una combinación realmente peligrosa.

Existe un fenómeno en España que, por diversos motivos, siempre me ha provocado bastante risión. Y vicisitud —como diría un amigo—. Y vergüenza ajena: la traslación directa, sin matices ni adaptación, del fenómeno gangsta. Salvando las obvias distancias, hace ya muchos años que nosotros ya contábamos con nuestro propio fenómeno gangta: el movimiento kinki. Desde tiempo inmemorial, por las esquinas de los barrios marginales de las grandes ciudades españolas se cantaban canciones —no eran Drum & Beat, cierto, eran más de tipo lolailo, pero, para el caso, nos valen— glosando las heroicidades de figuras como El Vaquilla, El Torete o los riesgos —y la gloria— de vivir deprisa y apostar fuerte. Historias cercanas de situaciones cercanas. Pero la risa por lo bajinis surge cuando uno contempla cómo se intenta coger un fenómeno de eminente idiosincrasia foránea como es el gangsta y transportarlo, directamente y por la patilla, a Vicalvaro, a Pino Montano o al Poble Sec manteniendo inalterados sus modismos, sus ritos, su identidad y su background social y cultural. Una puntualización: nada que objetar a las libertades personales en lo que no vulneren ni coarten las libertades de los demás. Si, por ser admirador del Western, me apetece vestirme con zahones, botas, espuelas, pañuelo al cuello y sombrero Stetson y me dedico a pasear por la Gran Vía, estaré en mi perfecto derecho de hacerlo, pero a su vez no debería sorprenderme el que mi reivindicación mueva más al choteo que a la admiración. Freedom for all of us. Pero que cada palo que aguante su vela. Y cada perro, que se lama su cipote.

Dicho lo dicho, veamos los dos ilustrativos ejemplos que me han movido a la redacción de esta entrada.


TITO MC

Las poses de aquí, el amigo, son toda una declaración de intenciones. Por disponer, hasta dispone de entrada propia en la Frikipedia. Pero en lo que resulta realmente insuperable es en las letras de sus canciones. Es el puto rey de la lírica. La única persona en el mundo capaz de rimar en la misma frase foca con boca y mucho con capusho (¿¿??) y quedarse tan tranquilo. Escuchemos, escuchemos....





GUTY MONTANA

Otro que tal baila. ¡Dios!, cuanto daño hizo en este país la película Electric Boogaloo... Al Tito Mc al menos se le entienden las tontunas. A éste, ni siquiera eso.


Una risión, oigan.

Etiquetas: , ,

viernes 7 de mayo de 2010

Generación Torrezno: MANIFIESTO FUNDACIONAL


El lado crujiente de la literatura

En estos días inciertos en los que el simple hecho de vivir ya es un arte, el mundo de las letras no permanece ajeno a las convulsiones sociales. Atravesamos momentos críticos en los que, hasta para lo que se considera literatura, el asunto se ha convertido en un difuso remedo de lo que fueron sus auténticos fundamentos. Nada es lo que parece. Todo parece lo que no es. Los adalides del honroso oficio de narrar, en connivencia con el ámbito editorial, han terminado por claudicar en sus premisas y convertirse en meras factorías más preocupadas por prefabricar tendencias y esencias que por cultivar el noble arte de contar historias. Se artifician modas, modismos y maneras. Se crean, se difunden y se publicitan fatuos movimientos culturales, huecos de contenido en su mayor parte. Iniciativas que son bendecidas por popes y factotums con el fin de dotar de una pátina de respetabilidad a lo que, en su mayor parte, no son más que souflés insulsos y artificialmente edulcorados; meros productos que, pomposa y adecuadamente gestionados bajo los benditos cánones del marketing, permiten al consumidor combatir cualquier conato de banalización que pudiese asaltar su intelecto cuando reflexiona, aunque sea un mínimo, sobre aquello que deglute. «Que guay que soy, que sigo/pertenezco/confluyo/alimento a la Generación X». O Y. O Z. La nomenclatura es lo de menos. Y su consustancialización, también. Lo que se persigue es estar en la pomada. En esa misma pomada que integra y aglutina a la casta de los elegidos. Y se perpetran verdaderas barbaridades con el fin de conseguirlo. O, al menos, de intentarlo.

Pues bien. Nosotros no hemos querido ser menos. Si de dar pátina se trata, nosotros somos sin duda de los más predispuestos. Pa chulos, nosotros. Al fin y al cabo se trata de algo tan arcano y eficaz como combatir al enemigo con sus propias armas. Fight fire with fire. Y por ese motivo, sirva este manifiesto como punto de ignición de nuestro propio movimiento: la Generación Torrezno. En evidente contraposición a otros movimientos aupados desde las más altas cotas de la «modernidad», los abajo firmantes abogan por el ansiado retorno a la literatura con peso y enjundia. Literatura pata negra. Un retorno a valores literarios sólidos y consolidados, lejos de experimentaciones psicalípticas, en los que la base de toda narración que se precie consista en el desarrollo de una buena historia que contar y una forma honesta y solvente de hacerlo. No queremos contemplar más «transgresoras incursiones metaliterarias cuyos cimientos se consolidan a base de soliloquios metafísicos en los que el autor recrea y reconstruye los matices del alma humana ahondando en la profundidad de su propio yo interior» Abogamos por la existencia de tramas sólidas. De presentación, nudo y desenlace. De textos crujientes, de paladar rotundo, con esencia, con aroma, polisaturados de ácidos grasos literarios. Textos capaces de dejar un sabor de boca pleno y satisfactorio, apartado de cualquier meliflua mixtura azucarada. Textos Torrezno. Un enfoque alejado de Tulicrems rancios y demás merendillas insustanciales. Se trata de ofrecer alimento contundente para el cuerpo y la mente. Parafraseando una de las populares letras del famoso conjunto musicovocal Toreros Muertos, «tú quieres una historia, nosotros tenemos una historia».

Desde aquí y ahora, los miembros fundacionales de la Generación Torrezno (los escritores Jerónimo Tristante, Carlos Salem, Juan Ramón Biedma y Pedro de Paz) propugnan y apuestan por un golpe de timón en el curso de la literatura actual e invitan a otros a comulgar con sus postulados. Autores del calibre y el calado de Jorge Díaz, Antonia J. Corrales, Empar Fernández, Víctor Fernández Correas y José Luis Benítez; periodistas de renombre como Yanet Acosta... Todos ellos han mostrado ya sus simpatías hacia el apostolado de esta nueva doctrina que transformará el devenir de la Literatura.

No lo duden. El retrofuturo ya está aquí.

Generación Torrezno: the next generation

[Los ideólogos en pleno. Nótese el profundo calado intelectual que destila su estampa]

Etiquetas: , ,

jueves 6 de mayo de 2010

Más amigos

  • Éxito rotundo durante la presentación de En un rincón del alma, la última novela de Antonia J. Corrales. Obvio decir que el motivo del mismo se debe a la excelente calidad del texto —muy recomendable— y al gracejo natural de Antonia y su familia. Fue para mí un auténtico placer aportar mi granito de arena al evento. Iba a escribir una crónica al uso, pero no tiene sentido reinventar la rueda cuando ya hay una estupenda escrita por Armando Rodera, cronista por excelencia de los eventos literarios de la Villa y Corte. Un evento al que no acuda Armando, ni es evento ni es ná. Podéis leer su estupenda crónica aquí

  • El amigo Carlos Salem —que está obteniendo un éxito más que merecido con su última novela Cracovia sin ti— publica una colaboración en forma de relato en el último número —el tres— de la revista OtroTipo. La delirante fábula negrohumorística, que lleva por título ¿Quién mató al lobo feroz?, cuenta con un muerto y un investigador, como todo relato negro que se precie. El muerto se llama Jerónimo Tristante y el investigador, Pedro de Paz. Con eso lo digo todo. No pierdas más tiempo. Corre a reservar un ejemplar pero ya.


  • Un viejo y querido amigo me sopla que esté atento al próximo número de la revista Standdart que tiene que estar a punto de salir. El amigo en cuestión es Montero Glez por lo que, sea lo que sea, no puede ser nada malo. Estaremos pendientes.

Etiquetas:

miércoles 5 de mayo de 2010

Ferias. Y amigos

Vivimos en un mundo de peculiares paradojas. Porque no deja de resultar curioso que uno de los mejores lectores con el que he tenido la oportunidad de toparme desde que inicié esta aventura literaria sea precisamente un invidente. Un ciego, vamos. Bien sabe él que no enuncio tal circunstancia con ánimo de menoscabo. Ni mucho menos. Guardo un profundo respeto y cariño tanto a Sergio como a su magnífica familia como para que se me ocurriese tal despropósito. Pero pocas veces me he encontrado con un lector tan preciso como racional, con una mente analítica tan fuera de lo común. Un lector capaz de percibir en un texto aspectos —y errores— tan sutiles que muy pocas personas —incluido el que suscribe— han sido capaces de darse cuenta. Como si Dios o el Diablo, al privarle de la vista, lo hubiese concedido una especial clarividencia. Por lo menos, en cuanto a asuntos literarios se refiere. Y estoy seguro que en muchos otros que me son menos familiares, también. Tiene el tipo la cabeza muy bien amueblada.

Sergio, espíritu inquieto como pocos, anduvo recientemente involucrado en asuntos culturales en su ciudad natal. Participó en la organización de la Feria del Libro de Castilla la Mancha y el hombre no tuvo mejor ocurrencia que invitar a una mesa redonda al inefable Jerónimo Tristante y a un servidor de ustedes para que, bajo el imaginativo título de ¿Hay que hacerse el sueco para vivir de la novela negra en España?, hablásemos de la situación actual de la novela negra y de sus autores. Y allí que nos plantamos. Con dos pelotas.

Jero y yo llegamos a Cuenca el viernes por la tarde, en torno a las 19:00. Nos aguardaban Sergio y sus padres, José Ángel y Ana, dos de las personas más encantadoras con las he tenido ocasión de toparme en mucho tiempo. Acogedores, entrañables, cordiales, cercanos, son de esa gente que te hace sentir como de la familia a los cinco minutos de estar con ellos. No nos veíamos desde la pasada edición de la Semana Negra y dedicamos los primeros momentos a ponernos al día. Después fuimos a dar una vuelta por Cuenca, a tomar unas cervezas y a charlar un poco de los actos previstos para el día siguiente. Pasamos por el Parador de Cuenca —precioso enclave, por cierto— y para terminar, nuestros anfitriones nos llevaron a un lugar espectacular llamado Recreo Peral donde, entre risas, cachondeos y bromas, cenamos de maravilla. Tras las copas de rigor, José Ángel nos dejó sanos y salvos en el hotel con el acuerdo de que pasarían a recogernos a la mañana siguiente para llevarnos al lugar en el que estaba prevista nuestra intervención, evento que moderaría Sergio.


En torno a las once del sábado acudimos al lugar previsto, la Sala Alta del recinto ferial. Para mi estupor —nunca pensé que dos mindundis como nosotros pudiésemos tener esa capacidad de convocatoria—, la sala estaba llena. Entre los asistentes me aguardaba una grata sorpresa —otra más—: la presencia de Paco Gómez Escribano, escritor, amigo y asiduo a este blog, que había tenido la deferencia de desplazarse desde Madrid para asistir al evento. La charla comenzó con una pequeña disensión. Sin estar previsto, nos colaron como participante a un interviniente, político por más señas. Una jugada, por desgracia, cada vez más habitual en este tipo de actos a los que alguien suele apuntarse a última hora para hacerse la foto y que, en la mayor parte de las veces, no tiene ni idea de que va el asunto y sólo está allí para soltar su speech y el relumbrón. Pero en esta ocasión, tuve que tragarme mis palabras —es de caballeros reconocerlo— porque resulta que dicha persona —de la cual lamento no recordar en estos momentos ni nombre ni cargo—, además de ser un lector instruido y un demostrado aficionado a la novela negra, parecía saber perfectamente de lo que hablaba. Cosa bastante inhabitual, por cierto. Total, que la charla salió de maravilla. Sergio estuvo estupendo en su papel de conductor —aunque poco le dejamos conducir. Pues menudos somos— y Jero derrochó su gracejo habitual. Se puede consultar algún detalle más del acto en este enlace y en éste. Acabada la charla, firma de ejemplares de rigor y divertida entrevista —al menos así lo afirman os que han tenido ocasión de verla— con CNC, un canal de televisión local.


Marchamos a comer a un restaurante cercano donde tuve ocasión de coincidir con el afable Martínez Laínez, con quien ya me había encontrado en algún que otro acto en Madrid pero con el que nunca me había parado a charlar con calma. Terminada la comida, nos despedimos de Tristante —que marchaba para su tierra— y volvimos al recinto ferial para proceder al segundo evento previsto: la presentación del volumen de relatos Ocho vueltas de tuerca. Por desgracia, el acto coincidió con una presentación de la popular María Dueñas con lo que la asistencia de público se resintió algo más que en el evento de por la mañana. Sergio y yo charlamos amigablemente sobre el volumen al tiempo que hacíamos una breve glosa de la historia subyacente tras cada uno de los relatos que lo componen. Acabada la presentación y tras despedirnos de los asistentes, Sergio, su familia y un servidor, muy satisfechos pero bastante cansados del ajetreo, a qué negarlo, nos retiramos a casa de Sergio donde la velada terminó de forma grata y tranquila, en familia.

A la mañana siguiente, vuelta a Madrid con excelente sabor de boca, el sentir de unas veladas extraordinarias y el placer de la constancia de tener amigos que te aprecian. Que, ni mucho menos, es poco. Todo lo contrario.

Etiquetas: , , ,

jueves 29 de abril de 2010

Gaudeamus igitur...

...iuvenes dum sumus.

Hace unos días, Carles Sastre, terrorista convicto que perteneció al grupo armado Terra Lliure hasta su disolución en 1995, pronunció una conferencia en la universidad de Valencia. Durante su pertenencia a Terra Lliure, Carles Sastre se significó por la especial crueldad de algunos de los métodos empleados en sus acciones entre los que destaca la colocación de artefactos explosivos sujetos al torso de sus víctimas y preparados para ser detonados al menor intento de manipulación. Mediante este cruento método acabaron con la vida del empresario José María Bultó, hermano del fundador y propietario de la popular marca de motocicletas Bultaco, al que pretendieron extorsionar a cambio de 500 millones de pesetas. El mismo método fue empleado para acabar con las vidas del ex alcalde de Barcelona Joaquín Viola y su mujer. La conferencia impartida por Carles Sastre -que desconozco en qué términos se desarrolló ni maldita la falta que me hace- se sucedió bajo el clima de normalidad que impera en «toda expresión de pluralismo ideológico que debe tener cabida en una universidad» (Rector dixit). Apenas se registraron incidentes y, salvo algún suceso aislado, la conferencia se llevó a cabo con total normalidad.


El pasado 5 de marzo, Rosa Díez, portavoz del grupo político Unión, Progreso y Democracia (UpyD), fue violentamente injuriada y agredida durante su asistencia a la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Barcelona, adonde acudió para, como en el caso anterior, impartir una conferencia. Una agresión que, amén de empujones y zarandeos, incluyó un amplio catálogo de increpaciones, menciones a los deudos, gritos de «fascista» y «asesina» y el lanzamiento de botes de pintura roja y otra serie de objetos contundentes, lo que provocó que el acto estuviese a punto de ser suspendido si bien, al final, se optó por trasladarlo a un lugar más seguro donde transcurrió bajo el ojo atento de las fuerzas de seguridad presentes en el campus. Hasta donde se sabe, a la diputada Rosa Díez no se le imputan delitos de sangre.


Garantes de la Cultura y el Saber...

Hay días en los que el paisanaje que nos rodea me resulta particularmente despreciable. Y su pretendida equidad, una milonga para gilipollas y aparvaos.

REFLEXIONES EN VOZ ALTA: Carles Sastre, encarcelado por su participación en el asesinato de José María Bultó, fue puesto en libertad gracias a los beneficios obtenidos de la promulgación de Ley de Amnistía de 1977 -cuya aplicación, con gran acierto, no permitió dejar en libertad a los principales responsables de la matanza de Atocha-. Según todos los indicios, esta circunstancia le permitió participar, tres meses después de su puesta en libertad, en el atentado que acabó con la vida de Joaquin Viola y su esposa. No, si al final van a tener razón los que promueven la derogación de tan «nefasta» ley.

Etiquetas: , , ,

miércoles 28 de abril de 2010

El club de la vida buena

Ayer disfruté de una gratísima experiencia: intervenir en la tertulia dedicada a las Artes y las Letras del programa de radio El club de la vida buena. Buena gente. Muy buena gente. Como digo, fue una experiencia sumamente agradable. Me encontraba muy cómodo, muy a gusto y me explayé a placer. Incluso, algo más de lo que hubiese debido, como podrás comprobar si decides escuchar el podcast del programa. Pero, ¡qué coño!. Al fin y al cabo, estábamos entre amigos y tampoco dije nada de lo que deba arrepentirme. Espero.

Gracias Sergio, Arancha, Fernando y Yesica por el momento disfrutado. Fue un auténtico placer.

Etiquetas: , , ,

miércoles 21 de abril de 2010

Un tonto más

Ya lo solía decir el visionario periodista Santiago Amón, «en este país no cabe un tonto más. Si entra uno más, nos caemos al agua». La última de aquí, mis primos: promover la derogación de la Ley de Amnistía de 1977. La ley que permitió reinstaurar la legalización de los partidos políticos, con el PCE a la cabeza, que fue el primer paso que abrir el camino a la firma de la Constitución y a la instauración plena de la democracia, que facultó el poner en la calle a los presos encarcelados por delitos de carácter político y que permitió que personas como Carrillo o La Pasionaria regresasen a España con las pertinentes garantías. Su derogación es lo que proponen los progresistas garantes de las libertades y la democracia. ¿Alguien es capaz de proponer algún despropósito mayor o es que, con tal de morder, ya no saben ni hacia donde apuntar la dentellada? Si se deroga la Ley de Amnistía y se declaran nulos los principios que la rigen, ¿qué ocurre con la situación de TODOS aquellos a los que amnistió? ¿Restituimos los antecedentes penales de los condenados por el Tribunal de Orden Público? ¿Qué hacemos con Carrillo? ¿Lo deportamos de nuevo? ¿O lo juzgamos sumariamente por su más que probada responsabilidad en la saca y fusilamiento de presos madrileños en noviembre y diciembre de 1936? Que una cosa es que determinados artículos de dicha ley queden derogados de facto porque leyes posteriores —e incluso la propia Constitución— anulen sus contenidos al existir colisión lesiva de intereses y otra muy diferente propugnar la derogación completa de la ley. Que hay que ser muy corto, coño. Porque que no nos quepa la menor duda: si se deroga la Ley de Amnistía, se deroga para todos y a todos los efectos. La ley, buena o mala, para bien o para mal y hasta nueva orden —pistolón en mano y asalto al Congreso mediante—, continúa siendo de idéntica aplicación para todos. Por mucho que le joda a más de uno.

Hagamos un breve ejercicio de regresión histórica. El 11 de mayo de 1977, Adolfo Suarez en calidad de presidente del gobierno, se reunió con la denominada Comisión de los Nueve, un grupo de políticos de la oposición encuadrados bajo una única entidad que negoció frente al gobierno las bases de la instauración de la democracia en España. La Comisión de los Nueve estaba integrada por Antón Canyelles, de Izquierda Democrática; Joaquín Satrústegui, monárquico; Enrique Tierno Galván, PSP; Valentín Paz Andrade, Partido Galeguista; Jordi Pujol, CDC; Francisco Fernández Ordóñez, del grupo FEDISA; Santiago Carrillo, PCE; Felipe González, PSOE; y Julio de Jáuregui, PNV. Ellos, en connivencia con el gobierno de Adolfo Suarez, fueron los que sacaron adelante la Ley de Amnistía que permitió implantar la democracia a través de una difícil transición que podía haber acabado siendo de todo menos tranquila. Estos son los sospechosos de estar a sueldo del Fascio y confabular para el perdón de crímenes execrables. Tremendos facciosos todos, sí. Ya veo, ya. Como mola el toreo de salón y que, a toro pasado, todos seamos Manolete. [Ref 1] [Ref 2] [Ref 3] [Ref 4]


Addendum: edito la entrada una vez publicada para incluir un más que sensato artículo de Ramón Jauregui, diputado socialista

Etiquetas: ,