Mentiras completas y verdades a medias



lunes, 6 de octubre de 2008

Crecimiento negativo

Domingo por la mañana. Suena el timbre de la puerta. Al otro lado del umbral aparece un hombre de edad madura, sobrepasada la cincuentena, que sostiene en las manos una carpeta con las tapas transparentes. De entre los papeles que porta destaca particularmente su documento nacional de identidad, ostentosamente visible. Frunzo el ceño. Ningún vendedor ni agente comercial va mostrando tal documento a modo de acreditación. El hombre me mira a la cara y traga saliva antes de comenzar a hablar. Se le ve algo apurado. En su rostro destella la derrota del que lo ha perdido todo y la resolución del que no le queda nada más que perder. Me pide disculpas por molestarme y me explica que pertenece a un grupo de empleados de una fábrica ubicada en un polígono cercano. La fábrica ha cerrado y ha declarado suspensión de pagos. Llevan seis meses sin cobrar, de litigio en litigio, tras los cuales el Fondo de Garantía Salarial ha decretado las indemnizaciones correspondientes. Extrae un documento de la carpeta, a todas luces auténtico, y me lo muestra junto con su DNI. Es la sentencia. En ella se reseñan las cantidades a percibir. Una auténtica miseria. Me cuenta que no sabe qué hacer, que con su edad lo tiene muy jodido para encontrar un nuevo trabajo y más con la que está cayendo, pero que el motivo de su visita es otro: hay familias de compañeros que están pasándolo realmente mal y entre todos han decidido hacer una «caja de resistencia» para socorrer a los más necesitados. Para ayudar a ello, sortean una mantelería y una colcha. Extrae un pequeño talonario y me ofrece comprar dos tiras de boletos. El número premiado será aquél que coincida con el del sorteo de la ONCE. Me pide, con humildad, que lo ayude y me agradece sinceramente el haberlo escuchado. Siento un nudo en la garganta. Me conmueve la resquebrajada dignidad que aquel hombre trata de sostener a duras penas. La situación me recuerda otras épocas, tiempos pretéritos de azar y necesidad en los que era común el encontrar en los trenes de cercanías a hombres y mujeres repartiendo entre los viajeros pequeños naipes que, en caso de coincidir con uno extraído al azar de una baraja mayor, obtendría como premio una figurita, un puñado de caramelos o un pequeño y estrambótico regalo. Medios de subsistencia precarios para tiempos precarios en los que la solidaridad, más allá de la ínfima recompensa que suponía erigirte en ganador del sorteo, era el único valor apelable. Tiempos duros. Tiempos perros.

Pero no. La consigna es que no estamos en crisis. Es una mera recesión técnica presidida por un periodo de crecimiento negativo.

La puta que los parió a todos.

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miércoles, 3 de septiembre de 2008

Con la iglesia hemos topado

Buena la ha liado el juez Garzón con la decisión de abrir, a instancia de diversas asociaciones en defensa de la memoria histórica, una investigación para censar a los desaparecidos y represaliados por la guerra civil y el franquismo, solicitando a los estamentos oportunos la apertura de sus archivos con el fin de llevar a cabo la investigación con las mayores garantías posibles. Al margen de determinadas puntualizaciones, de los tintes partidistas de la iniciativa y de los no pocos recelos sobre la forma en la que podría llevarse a la práctica por parte de algunos exaltados memoriohistóricos, en líneas generales, la iniciativa me parece correcta, necesaria y adecuada. Digna de encomio. Todos vemos con justicia y simpatía esfuerzos similares llevados a cabo en distintos países de Sudamérica. La Argentina de Videla, el Chile de Pinochet... A nadie le sorprende el justo deseo de esclarecer los desmanes de toda dictadura. De cualquier dictadura. El problema es que tendemos a olvidar que en este país hubo una instaurada durante cuarenta años. Rajoy, como siempre, en su línea: dando muestras de estar a por uvas. «No soy partidario de reabrir viejas heridas del pasado», declara el preclaro líder hablando de unas heridas que, durante el franquismo, sangraron profusamente en todo momento y durante la transición cerraron en falso, no con la «Ley del punto final» pero sí con la «Ley del besito en la boca», todo ello en aras del complicado —y puede que, en gran medida, necesario. No lo pongo en duda aunque tal circunstancia no evite el que, en cualquier caso, la decisión tomada pudiese tacharse de poco virtuosa— equilibrio de poderes que se produjo tras la muerte del de la voz de pito y los pantanos. En cualquier caso, lo más llamativo del asunto —aunque realmente no sé de qué me sorprendo. La reacción ha sido la que se podía esperar— resulta ser la inicial negativa de la iglesia, poco dispuesta a abrir sus ficheros y registros, alegando que «ellos no han visto nada, ellos no saben nada». Lo de siempre. Y yo me pregunto. ¿Realmente continúan pensando que su reino no es de este mundo? ¿Realmente sus poderes y sus designios deben ir más allá de la orden emitida por un juez de la Audiencia Nacional? ¿Quiere eso decir que, de facto, existe en España alguien que no sólo se considera, sino que realmente podría estar por encima del poder judicial? ¿Podemos y debemos permitir que, en este país, pueda existir alguien —políticos, banqueros, entidades físicas, jurídicas o de cualquier otra naturaleza— que, por un motivo u otro, puedan —nunca mejor dicho— acogerse a sagrado y situarse por encima de la ley?

Miedito me está dando contestarme.

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martes, 2 de septiembre de 2008

Qué buenos son los padres escolapios...

Según las estadísticas, 451 muertos en carretera durante este verano. 89 menos que el verano anterior. Y a mí, sinceramente, me alegra mucho que la tendencia de ese tipo de balances sea descendente. Cuanto más mejor. Hasta llegar a cero, si es posible. Lo que ya no me ufana de igual manera es que la DGT se apunte el tanto sugiriendo que el resultado pueda deberse a los beneficiosos resultados de sus campañas y a la labor de concienciación que llevan a cabo entre los ciudadanos. Mire, Sr. Navarro y Sr. Rubalcaba, desengáñense. En este país cada día se conduce peor. Se lo dice alguien que, a diario, sufre la desgracia de tener que hacer kilómetros a cascoporro —concretamente ciento treinta al día; 3.000 Km. al mes— para desplazarse a trabajar. Por esas carreteras de Dios se ven autenticas animaladas. El civismo de los conductores de este país es de autentica vergüenza y sus conocimientos más elementales sobre conducción, prácticamente nulos. Como decía mi padre, profesional del volante durante 48 años: «En los últimos años, de la autoescuela se sale con un carné en la mano y sabiendo lo justo para matarte. Si luego no pones de tu parte para aprender a conducir de verdad, malo...». El trazado de algunos tramos de carretera sigue siendo infame desde los tiempos del caudillo. Las sanciones —y los lugares donde éstas se producen— continúan teniendo un claro afán recaudatorio en lugar de disuasorio y los motoristas siguen dejándose los sesos contra unos quitamiedos asesinos cuya ineficacia está plenamente demostrada sin que la campaña para su sustitución se esté llevando a cabo de una forma todo lo ágil y eficaz que sería deseable. Y todavía se extrañan de que nos sigamos matando en carretera.

¿El autentico motivo del éxito en la reducción de la mortalidad? Que este año nadie ha tenido un duro para poder marcharse de vacaciones lo que, obviamente y ante la ausencia de desplazamientos, ha reducido los siniestros totales producidos en carretera. Así que hagan el favor de dejar de hacer el paripé y de venir colgándose medallas que no les corresponden. Pero qué morro tienen. Siguiendo su regla de tres, yo también estimo que, en los últimos años, en las zonas próximas a Chernobil, los accidentes de tráfico se han reducido en un 100%. Eso sí que es eficacia y lo demás, tonterías.

Que no le engañen. El autentico mérito lo tiene la falta de parné. Y que se dejen de payasadas. No, si al final incluso tendremos motivos para estar agradecidos a la crisis. El que no se consuela es porque no quiere.

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viernes, 18 de julio de 2008

Donde dije digo...

"El vicepresidente y ministro de Economía, Pedro Solbes, no dudó ayer en emplear la palabra "crisis" para definir la situación actual de la economía española, "la más compleja que nunca hemos vivido, por la cantidad de factores que están encima de la mesa", apuntó en declaraciones a Punto Radio. Entre los responsables del espinoso escenario, Solbes destacó las subidas del petróleo y de las materias primas y la crisis financiera mundial." (FUENTE)

Por arte de birlibirloque hemos pasado de no sufrir una crisis económica a ser ésta "la más compleja que nunca hemos vivido". En cuestión de días. Manda cojones.

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jueves, 10 de julio de 2008

Pero, ¿de qué demonios están hablando?



Nos toman por tontos. Seguro. Estoy convencido de ello. Y realmente no sé que me molesta más: si que el gobierno se rodee de analistas incapaces o de mentirosos compulsivos. Llevan meses jugando al gato y al ratón con nosotros, vacilándonos con el tema de la crisis, desaceleración, estancamiento o como diablos lo quieran eufemizar. Aún así, desde el gobierno tienen la desvergüenza de hablar de «ralentización» cuando, para el ciudadano de a pie, la crítica situación lleva gestándose más de seis años, concretamente desde que entramos en la zona euro; cuando el IPC REAL en los últimos cinco años acumula un incremento en torno al 68% (mientras que los números oficiales cifran dicho incremento alrededor de un 12%); cuándo el euribor, índice por el que se rigen el 90% de los créditos hipotecarios de este país, ha conocido dos años consecutivos de constantes e imparables subidas; cuando la pérdida del poder adquisitivo de las familias lleva varios años resistiendo el embate de un socavamiento progresivo pero imparable, ¿nos hablan de «turbulencias incipientes» y de «desaceleración»?

A base de eufemismos y de cogérnosla con papel de fumar, el día que mi banco se quede con mi casa por no poder pagar la hipoteca, no será «embargo». No señor. Según el gobierno, será «reubicación de dirección postal». Como si lo viera.

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