El turista interior
Cuando solemos viajar a tierras bárbaras —entiéndase ciudades o países distintos del nuestro—, no dudamos en colgar de la mochila una lista de lugares de imprescindible visita. A muchas personas les resulta inconcebible viajar a París y no visitar la torre Eiffel o el barrio latino. O desplazarse a Roma y obviar la visita al Coliseo. Y si esa circunstancia ocurriese —bien por falta de planificación, de tiempo o de lo que sea—, solemos regresar del viaje con cierta aflicción por habernos perdido el disfrute de un lugar de los denominados imprescindibles.Sin embargo, tendemos a no conceder la misma importancia a lugares igual de imprescindibles cuando estos se encuentran a escasa distancia del lugar donde vivimos. Para un turista, el hecho de viajar a Londres y no visitar Hyde Park supone casi un sacrilegio pero vivir en Madrid y no conocer el Campo del Moro, el Madrid de los Austrias, la muralla árabe o el museo del Prado es algo que a nadie produce el menor prurito lo cual me resulta realmente lamentable. Máxime teniendo en cuenta las excelentes oportunidades ofrecidas por organizaciones como Carpetania Madrid, una asociación cultural dedicada a organizar recorridos guiados por Madrid dando a conocer la trascendencia y relevancia de los lugares más emblemáticos de la ciudad y llevando a cabo una excelente labor de recuperación histórica. Paseos amenos, divertidos, llevados a cabo por auténticos profesionales que saben disfrutar y hacer disfrutar de su trabajo. Hace unas horas he tenido ocasión de integrarme en una de esas visitas y, sin duda alguna, estoy dispuesto a repetir a la menor ocasión de que disponga. Por un coste no superior al de una entrada de cine o al de una copa en un lugar de moda se nos ofrece la posibilidad de conocer a fondo lo más apasionante y mágico de nuestra ciudad, aquello que nos parece de obligado cumplimiento cuando visitamos la ajena. Y, al mismo tiempo, disfrutar de una magnífica y agradable velada. Creo que no se puede dar más por menos. Pruébenlo.


