Mentiras completas y verdades a medias



lunes, 21 de julio de 2008

Barcelona



No he estado en Barcelona más allá de tres veces en mi vida y siempre por cuestiones puntuales. Ir un día y volver al siguiente. Y en todas esas ocasiones he regresado de aquella ciudad con la misma sensación turbadora: la desazón de no haber dispuesto del tiempo necesario para poder disfrutar de sus encantos. Uno, que es urbano y cosmopolita por naturaleza, tiene cierta querencia por las grandes ciudades en general y por algunas, como Madrid o París, en particular. Y con Barcelona siempre albergo ese pálpito especial. Estoy convencido de que, cuando disponga del tiempo suficiente para conocerla —espero que sea lo antes posible—, me enamorará lo suficiente como para dejarme tan rendido como intuyo. Al menos, eso es lo que ha sucedido en las escasas oportunidades que he tenido hasta ahora.

El pasado fin de semana fue una de ellas. Llegué el mismo sábado a primera hora de la tarde y regresé a Madrid el domingo por la mañana. La tarde del sábado la pasé caminando por Gran de Gracia y Travesera —por motivos que no vienen al caso— y no me duelen prendas en reconocer que si lo que vi fue una pequeña muestra de lo que la ciudad puede ofrecer, no me cabe la menor duda de que tiene mucho que entregar. Y muy bueno. Avenidas espectaculares. Ambiente agradable y distendido. Ese ampuloso sabor modernista de estética tan especial. Lugares entrañables y fascinantes. No hay un motivo concreto. Todo en ella emana un especial interés.

Quedé particularmente prendado de dos de los pocos rincones que tuve ocasión de visitar en tan breve estancia: la heladería italiana de la Plaza de la Revolució, con los mejores y más cremosos helados que he comido en mucho tiempo y El Otro Bar, en la esquina de Travesera de Gracia con Torrent de L’Olla, un pequeño y acogedor bar de copas cuya excelente ambientación, el equilibrado nivel de su aire acondicionado, la extraordinaria afabilidad de la persona ubicada tras la barra y sus Daiquiris de Piña obraron auténticos milagros a lo largo de esa tórrida tarde de Julio.

Lo dicho. Deseando estoy de tener un hueco para hacer la escapada que Barcelona merece.

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5 comentarios:

Blogger miguel baquero ha dicho...

He aquí un madrileño, del Tetu por más señas, al que no le duele ninguna prenda reconocer que Barcelona es una ciudad preciosa y aunque nunca es bueno hacer comparaciones, yo diría que es bastante más bonita que Madrid. Mi rincón mágico es el parque de la Ciudadela y un pequeño estanque que hay allí. No es lo más espectacular ni lo más turístico, pero para mí es un sitio mágico, no puedo irme de Barna sin dar una vuelta por allí... y luego tomar una cerveza en la Barceloneta.

21 de julio de 2008, 20:16  
Anonymous child in time ha dicho...

Yo estuve 5 días con mi ex hará ahora 5 ó 6 años y me encantó. Por primera vez en mucho tiempo, desde que no vivo en Vigo (21 años), pude mantener una conversación en el autobús con gente desconocida. Me resultó una ciudad muy familiar además de preciosa. Durante esos 5 días no paré de patear y estoy seguro que me quedan muchos rincones todavía por conocer. Espero volver.

21 de julio de 2008, 21:28  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

Miguel, me temo que a ti te pasa lo que a mí: uno es madrileño, y a mucha honra, pero no es inmune a la belleza. Ni imbécil. Yo no podría decir que es más bonita que Madrid -que es mucho decir- básicamente porque no conozco Barcelona lo suficiente. Pero lo visto hasta el momento lo iguala sin demasiado esfuerzo.

Child, desde hace tiempo estoy comprobando que lo que dicen de los barceloneses y los catalanes es un puro bulo. No digo que no haya indeseables -como los hay en Madrid o en cualquier otra parte- pero, hasta donde yo he podido comprobar, los barceloneses, por norma general, son tremendamente sencillos y hospitalarios. Gente con la que te sientes muy a gusto desde el primer momento. Espero no tener que variar nunca esa apreciación.

Abrazos,
Pedro de Paz

21 de julio de 2008, 22:18  
Blogger Loren ha dicho...

Yo tampoco conozco Barcelona. Estoy deseando de visitarla. Acabo de regresar de París y me ha entusiasmado. Es una ciudad preciosa, aunque debo reconocer que esas distancias estratosféricas me abruman. Prefiero el centro de Madrid o de Roma, que te lo pateas en un día. En París eso es imposible.

Un abrazo.

28 de julio de 2008, 21:53  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

En París, estimado Loren, yo he estado repetidas veces y aún me faltan maravillas por conocer. París es mucho París.

Espero que haya disfrutado de su viaje.

Abrazos,
Pedro de Paz

29 de julio de 2008, 10:20  

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