Mentiras completas y verdades a medias



viernes, 18 de julio de 2008

Cuando Dios se cuelga una guitarra y sube a un escenario


(c) Renee Van Diemen

El espectáculo comenzó con media hora de retraso pero la espera terminó por no importar a nadie de los presentes. Máxime teniendo en cuenta lo que vino después. Tres horas de deleite disfrutadas minuto a minuto —a pesar de la calidad del sonido, a ratos pésimo, a ratos infame—. Tres horas de puro espectáculo en la más amplia acepción del término ofrecidas por uno de los artistas más carismáticos que ha pisado un escenario en los últimos 40 años: Bruce Springsteen.

Sé que lo que voy a enunciar puede resultar —y resulta— manido, tópico y demasiado trillado, pero no por ello resulta menos cierto: Springsteen es uno de los mayores animales escénicos que ha conocido el mundo del rock, un autentico purasangre de las tablas. Un artista que hace del escenario su ring particular, que sube a él para pelear duro con el fin de ganarse al público desde el primer minuto y metérselo en el bolsillo de su viejo y desgastado vaquero negro. Y que lo consigue a base de comulgar con él, de hacerle partícipe de una complicidad manifiesta y personal y ofrecerle, sin poses afectadas ni maneras de divo, ni más ni menos lo que éste ha venido a buscar: llaneza y autenticidad. Y diversión. Quintales de diversión y no sólo musical. Springsteen es un gran músico —lo lleva demostrando muchos años— pero, sobre todo, es un inconmensurable intérprete. Al margen de su solidez musical, probablemente su mayor virtud consista en manejar las cortas distancias de un escenario como nadie y ayer, en Madrid, quedó, una vez más, clara constancia de ello. En su caso, no se trata de poseer una particular habilidad melódica, un determinado virtuosismo instrumental o una especial genialidad compositora. Springsteen es una especie de all-in-one reconvertido en una descarga de potencia en estado puro. Springsteen no cautiva, arrolla. Y, en su empuje, te arrastra con él, lo quieras o no. Un vendaval sonoro perfectamente coordinado, conjugado y arropado por un grupo de colegas de farra que los demás conocemos con el nombre de E Street Band, que funciona como un reloj —son más de 35 años compartiendo escenarios y esa cuestión resulta más que evidente— y que cuenta entre sus filas con leyendas como esa bestia parda llamada Max Weinberg que golpea la batería como si la vida le fuese en ello, con una potencia, una técnica y una precisión dignas del mejor de los metrónomos. O esa mole humana llamada Clarence «Big Man» Cleamon capaz de electrizar el aire con las notas de su saxo. O ese mago de las seis cuerdas llamado Nils Lofgren, que, siendo un excelente instrumentista, quizá no sea el músico más completo ni más virtuoso, pero probablemente sea uno de los músicos más efectivos que he visto en mi vida. Y he visto unos cuantos. El perfecto acompañamiento para un artista perfecto.

Y a pesar de las bonanzas declaradas, lo curioso del caso es que la actuación de anoche fue bastante peculiar. No debería sorprender en alguien como Springsteen pero lo cierto es que fue un show atípico, incluso para sus seguidores. Atípico más allá del eclecticismo al que Springsteen nos tiene acostumbrados. En teoría, la excusa oficial de la actual gira es la promoción de su último álbum, Magic. En la práctica, de los 28 temas que, de media, interpreta en cada concierto, tan sólo 5 integran dicho álbum. Durante esta gira, el boss se ha dedicado recuperar para su público un gran número — mayor incluso al de otras giras similares— de temas emblemáticos de su extensa carrera. Por otro lado, en estos últimos conciertos, su entrega al público aparenta estar por encima de lo habitual. En muchos de los ámbitos cercanos a sus seguidores se rumorea que esto podría ser la señal de que las giras le exigen un tributo demasiado duro —no lo olvidemos: el tío que ayer ofreció tres horas de concierto moviéndose de un extremo a otro sin desfallecer lo más mínimo; que encadenó tema tras tema sin la acostumbrada pausa de descanso entre uno y otro; que, tras coger carrerilla, se lanzó al escenario deslizándose varios metros sobre sus rodillas... tiene 59 años. Yo, con pocos más de la mitad, ni siquiera me lo plantearía— y de que el actual tour sería una especie de «gira de despedida» no anunciada. Dios no lo quiera. Sea como fuere, lo cierto es que la de anoche fue una noche mágica, perfecta representación del término que da título a su último trabajo. Y yo tan sólo espero —y rezo con fervor— para que continúe siendo así por muchos años. Amén.


It's hard to be a saint in the city (Hammersmith, 1975)


Because the night (solo)

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8 comentarios:

Blogger Angelus ha dicho...

Yo asistí en Varsovia a la gira promocional de "The ghost of Tom Joad" y, a pesar de que fue él solo con la guitarra y la harmónica, fueron dos horas y media memorables, de los mejores conciertos a los que he ido por entrega, sentimiento, entusiasmo y capacidad comunicativa.
Saludos

21 de julio de 2008, 12:22  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

Angelus, si eres seguidor y has asistido a algunos de sus conciertos... qué te voy a contar de lo que se siente ante la presencia de Springsteen sobre un escenario. Es casi una liturgia mágica.

Bienvenido a este rincón,
Pedro de Paz

21 de julio de 2008, 22:09  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Soy el anónimo al que contestaba el Sr. de Paz en el blog de Torres. Usted se refiere a dos canciones del Sr. Summers entre un cancionero de cientos de ellas. Para combatir sus prejuicios le diré que Luz Casal o Antonio Vega no los han tenido y tienen a bien tocar los temas que para ellos ha escrito Summers.
La comparación de Springsteen y los Hombres G en mi corazón sí es posible a pesar de preferir al primero. Lo que me resulta curioso es que sea capaz de criticar tanto a un músico y de encumbrar tanto a otro y esto se lo digo por su artículo sobre el concierto de B.S. en su blog que yo sin duda critico por haber dejado de lado los temas de Magic en favor de los más populistas y comerciales.
En definitiva, ¿tiene usted idea de lo que está hablando para poner a parir a Summers y alabar en demasía el concierto de Springsteen? NO, porque usted está lleno de prejuicios tanto en contra de uno como a favor del otro sino no denominaría Dios a nadie.

22 de agosto de 2008, 9:54  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

Estimado Anónimo:

No recuerdo que exista alguna norma compensatoria de obligado cumplimiento a la hora de admirar o deplorar a alguien. Las personas tenemos filias y fobias y ambas posturas son perfectamente compatibles, no contradictorias y lo que es más importante: igual de respetables. Usted critica el que Springsteen, en su última gira, haya dejado de lado la promoción del album Magic y yo no puedo quitarle la razón por un simple motivo: es rigurosamente cierto. Otra cuestión es que, en mi opinión, ello no haya desmerecido en absoluto el resultado de la gira sino todo lo contrario.

¿Que si tengo idea de lo que estoy hablando? Me temo que sí, anónimo. Los supuestos prejuicios que usted me achaca no tienen porqué nublarme el juicio. Y este, basado en mi experiencia como escritor, melómano y, en menor medida, músico, y el hecho de haber crecido escuchando a ambos autores, me dan a entender que, musicalmente, David Summers roza la indigencia creativa ya que practicamente todas sus melodías, en mayor o menor medida, se inspiran fuertemente en temas ya compuestos por otros autores y como letrista, aun reconociendo que sus mensajes pudieran tener interés para alguien, desde un punto de vista estrictamente personal, sus composiciones me parecen ramplonas y carentes de contenido, sin nada que ofrecer ni transmitir.

Y usted, ¿sabe de lo que habla?

22 de agosto de 2008, 12:26  
Anonymous Anónimo ha dicho...

He leido críticas a los Hombres G, pero no una afirmación de que TODAS sus melodías fueran plagios. Creo verdaderamente que usted no sabe de lo que habla simplemente porque para hacer esta aseveración ("David Summers roza la indigencia creativa ya que practicamente todas sus melodías, en mayor o menor medida, se inspiran fuertemente en temas ya compuestos por otros autores") usted tendría que conocer el cancionero del grupo y no creo que lo haya hecho porque sería contrario a la fobia que demuestra.
Me encanta la música americana (Lucinda Willians, Willie Nile, J. Mellecamp) así como la lírica (ópera, liedel) por lo que también me identifico como melómano. Simplemente se trata de reafirmar en que los HG no son el mal grupo que la opinión pública se ha encargado de hacernos creer y baso mi afirmación en que la mayoría de sus detractores no conocen más allá de cuatro canciones cuya suerte pegadiza las convirtió en singles de los discos. Fijándose en ellas la impresión del grupo sí comprendo que pueda quedar distorsionada, alejada de la auténtica valía del grupo cuyos 25 años de carrera avalan. Por ello le pido que, si al menos no quiere vencer esos prejuicios, que mínimo que rogarle que no difunda falsedades sobre plagios en cadena porque falta usted el respeto al trabajo intenso y creativo de una persona.
Saludos y mejor hablamos de Springsteen al cual sigo desde hace años y he presenciado ya 13 de sus conciertos.

22 de agosto de 2008, 12:50  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

No estoy hablando de plagio como tal. Las corrientes musicales existen desde que la música es música y David Summers, lo admita o no, ha bebido de casi todas ellas. Nada en sus melodías supone algo original ni novedoso, un punto de ruptura con lo establecido o una forma de reinventar lo hecho. La línea melódica del 90% de sus composiciones se inspira de forma evidente en la música americana de los años 50 y 60 -desde Beach Boys hasta The Turtles o Mamas and the Papas- y es calcada en sus patrones. Y eso ni es reprobable ni es plagio. Es simplemente un hecho que debe asumirse. Por parte de ellos y de sus fans.

"...tendría que conocer el cancionero del grupo y no creo que lo haya hecho porque sería contrario a la fobia que demuestra..."

Anónimo, ¿me está usted diciendo que, de escuchar la discografía completa de los Hombres G -que, por cierto, he escuchado-, se me aparecería la Verdad Revelada y ello me impediría ser crítico con su música?

Y luego soy yo el extremista.

Pues lamento defraudarle, pero le informo que sí he tenido ocasión de escuchar su discografía -de hecho, crecí con ella- y, sin albergar ninguna animadversión en concreto -ni personal ni de ningún otro tipo-, sus aparentes méritos musicales siguen pareciéndome no dignos de ser reseñados.

Y enhorabuena por su asistencia y disfrute de los espectáculos en directo de Springsteen. Yo tan sólo he podido acudir a 9.

22 de agosto de 2008, 13:46  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Señor:
Por fin saco algo positivo de este intercambio: reconoce que la inspiración del grupo proviene de los años 50 y 60. ¡Pues no está nada mal!, ¿no cree?

Lo que encuentro discutible es que no han reinventado lo ya hecho principalmente porque, por una parte, reinterpretar en español la gran era del pop y del rock ya es algo novedoso y, por otra parte, el que sea un grupo que siga creando canciones propias y frescas da a entender que algo de original tienen que tener esas composiciones, pero este es mi punto de vista.

La verdad es que me empieza a usted a caer bien o al menos mucho mejor que D. Torres y su "asquito".

Ya que me entrecomilla tengo que decir que no me ha citado bien porque mi frase contenía otra de usted entre paréntesis. Si la lee seguida excluyendo la suya encontrará que yo no le hablaba de ninguna "conversión", yo comprendo que no le guste el grupo, pero no esta persecución que he detectado por parte de mentes pomposas. Como lo sugiere le diré que no soy extremista, por ejemplo a poca gente conozco que le interese la obra del gran Springsteen y no por ello les censuro aunque sí lo lamento por ellos.

En fin, un saludo y no se ofenda tanto, hombre.

22 de agosto de 2008, 14:39  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

No, no está mal. Mi único reproche es que dicha inspiración musical resulta en ocasiones "demasiado literal" como para reconocerles un mérito que no poseen. Y en cuanto a las letras, sigo insistiendo en que me parecen vacías y carentes de contenido. Sigo pensando que musicalmente no aportan nada. Pero, al igual que la suya, es una mera opinión personal.

Tranquilo. No hay ofensa. Tan sólo intercambio de pareceres.

Un saludo.

22 de agosto de 2008, 15:44  

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