Mentiras completas y verdades a medias



miércoles, 12 de mayo de 2010

Urban Guerrilla Warfare

Vaya por delante que no tengo nada en contra de la música rap. Todo lo contrario. Sin ser ni mucho menos de mis favoritos, siempre he albergado cierta querencia hacia este estilo musical. No en vano uno se ha criado en Alcorcón en una época muy concreta y ya paraba por El Sapo Azul cuando por aquí sólo había algún que otro breaker —uno trató de hacer sus pinitos pero prefiero olvidar tamaño desatino—, tres BBoys y el gato. Admiro y respeto mucho el ingenio que desbordan las peleas de gallos bien hechas, los freestyle con estilo y la dificultad que supone trabajarse un flow —melodiosidad en la cadencia de las frases— con clase y bien hecho. Hasta ahí, nada que alegar. Respeto, man.

Existe un fenómeno en USA que, por diversos motivos, siempre me ha resultado muy llamativo: el movimiento gangsta. De carácter eminentemente marginal e íntimamente ligado a determinadas tendencias dentro del rap y el hip hop, el gangsta, para muchos, más que una corriente o un modismo, supone una forma de vida basada en la sublimación de la violencia callejera, las drogas, el dinero fácil, las armas, el lujo y la vida rápida y a tope. Dicho movimiento —que incorpora sus propios códigos y convenciones morales y sociales— tuvo una fuerte implantación en los años ochenta y noventa, particularmente en los barrios marginales de las grandes urbes de ambas costas estadounidenses (la este y al oeste), donde la vida en la calle, en conjunción con la ausencia de perspectivas de futuro, los pandilleros y la libre circulación de armas formaban una combinación realmente peligrosa.

Existe un fenómeno en España que, por diversos motivos, siempre me ha provocado bastante risión. Y vicisitud —como diría un amigo—. Y vergüenza ajena: la traslación directa, sin matices ni adaptación, del fenómeno gangsta. Salvando las obvias distancias, hace ya muchos años que nosotros ya contábamos con nuestro propio fenómeno gangta: el movimiento kinki. Desde tiempo inmemorial, por las esquinas de los barrios marginales de las grandes ciudades españolas se cantaban canciones —no eran Drum & Beat, cierto, eran más de tipo lolailo, pero, para el caso, nos valen— glosando las heroicidades de figuras como El Vaquilla, El Torete o los riesgos —y la gloria— de vivir deprisa y apostar fuerte. Historias cercanas de situaciones cercanas. Pero la risa por lo bajinis surge cuando uno contempla cómo se intenta coger un fenómeno de eminente idiosincrasia foránea como es el gangsta y transportarlo, directamente y por la patilla, a Vicalvaro, a Pino Montano o al Poble Sec manteniendo inalterados sus modismos, sus ritos, su identidad y su background social y cultural. Una puntualización: nada que objetar a las libertades personales en lo que no vulneren ni coarten las libertades de los demás. Si, por ser admirador del Western, me apetece vestirme con zahones, botas, espuelas, pañuelo al cuello y sombrero Stetson y me dedico a pasear por la Gran Vía, estaré en mi perfecto derecho de hacerlo, pero a su vez no debería sorprenderme el que mi reivindicación mueva más al choteo que a la admiración. Freedom for all of us. Pero que cada palo que aguante su vela. Y cada perro, que se lama su cipote.

Dicho lo dicho, veamos los dos ilustrativos ejemplos que me han movido a la redacción de esta entrada.


TITO MC

Las poses de aquí, el amigo, son toda una declaración de intenciones. Por disponer, hasta dispone de entrada propia en la Frikipedia. Pero en lo que resulta realmente insuperable es en las letras de sus canciones. Es el puto rey de la lírica. La única persona en el mundo capaz de rimar en la misma frase foca con boca y mucho con capusho (¿¿??) y quedarse tan tranquilo. Escuchemos, escuchemos....





GUTY MONTANA

Otro que tal baila. ¡Dios!, cuanto daño hizo en este país la película Electric Boogaloo... Al Tito Mc al menos se le entienden las tontunas. A éste, ni siquiera eso.


Una risión, oigan.

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4 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

pagaría por ver esos pinitps...

12 de mayo de 2010, 11:31  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

Por fortuna para mí -y para la humanidad-, no queda constancia, ni gráfica, ni filmada, de tales pinitos. Uno también tuvo sus locuras de juventud. :-)

12 de mayo de 2010, 11:43  
Anonymous Yuma ha dicho...

El rap no es musica.

12 de mayo de 2010, 12:11  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

Lo lamento, Yuma. No estoy de acuerdo. El rap no sólo es música sino que la hay de MUCHA calidad. Tanto en la línea de sus melodías (dentro de los esquemas melódicos de este estilo) como en el lirismo de sus letras (que las hay de cojón de mico). El buen rap está plagado de figuras retóricas y literarias que para sí quisieran saber emplear con esa misma destreza muchos de los que a día de hoy se autodenominan intelectuales: metáforas, greguerías, potentes aliteraciones, calambures, paronomasias... Y todas ellas empleadas por instinto, sin pretensión consciente las más de las veces. Muchos letristas de rap son animales líricos en estado puro. El rap es un mundo fascinante, te lo aseguro.

Otra cosa es que nos quieran vender como rap muchas de las mierdas que se escuchan por ahí. Ni por asomo.

12 de mayo de 2010, 12:48  

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