Un único destello de gloria
No lo conocía. Ni conocía su historia. Su fotografía se encontraba expuesta en las paredes de un restaurante mexicano al que suelo acudir con cierta frecuencia, pero nunca había reparado en ella. Dos. Eran dos las imágenes mostradas, una al lado de la otra. Concretamente estas:
En el pie de ambas, obra del fotógrafo Agustín Víctor Casasola, figuraba el mismo texto: «Fortino Samano ante el pelotón de ejecución, 1917». En un principio creí haber leído mal. Resultaba sorprendente la actitud de aquel personaje retratado en un trance como aquél, particularmente la de la primera de las imágenes. Las manos en los bolsillos; la cabeza erguida; la mirada socarrona, a medio punto entre el recelo y el desafío; la mueca helada impresa en esos labios que sostienen un habano en una posición casi burlesca... «No parece la imagen de un hombre a punto de morir —pensé—. Y si realmente lo es, debió ser un hombre muy singular» . Reconozco que me picó la curiosidad. Y comencé a buscar información al respecto. Y esa fue mi primera decepción. No existe información alguna acerca de la biografía de Fortino Samano más allá de constatar que fue uno de los lugartenientes de Emiliano Zapata, que apenas había cumplido los treinta cuando fue apresado, condenado y fusilado sin juicio previo, acusado no se sabe exactamente de qué y que, en toda esta historia, parece haber de por medio una oscura, truculenta y aparentemente fascinante trama de falsificación de papel moneda. Pero esto permite constatar que las paradojas existen y que están ahí precisamente para eso: para rizar el rizo. Samano no fue famoso ni conocido por nada de lo que hizo en vida sino, únicamente, por la excepcional fotografía tomada por Casasola minutos antes de su muerte. Al más puro estilo de los amantes de El beso del Hotel de Ville de Robert Doisneau o de El marinero de Time Square de Alfred Eisenstaedt. Seres inmortalizados en la iconografía popular a través del poderoso influjo de una emulsión fotográfica, pero que, una vez capturado el instante, continuaron siendo tan anónimos como lo eran antes de ese preciso segundo.
Si alguien pudiera proporcionarme algún dato biográfico sobre Fortino Samano, le estaría sumamente agradecido.
En el pie de ambas, obra del fotógrafo Agustín Víctor Casasola, figuraba el mismo texto: «Fortino Samano ante el pelotón de ejecución, 1917». En un principio creí haber leído mal. Resultaba sorprendente la actitud de aquel personaje retratado en un trance como aquél, particularmente la de la primera de las imágenes. Las manos en los bolsillos; la cabeza erguida; la mirada socarrona, a medio punto entre el recelo y el desafío; la mueca helada impresa en esos labios que sostienen un habano en una posición casi burlesca... «No parece la imagen de un hombre a punto de morir —pensé—. Y si realmente lo es, debió ser un hombre muy singular» . Reconozco que me picó la curiosidad. Y comencé a buscar información al respecto. Y esa fue mi primera decepción. No existe información alguna acerca de la biografía de Fortino Samano más allá de constatar que fue uno de los lugartenientes de Emiliano Zapata, que apenas había cumplido los treinta cuando fue apresado, condenado y fusilado sin juicio previo, acusado no se sabe exactamente de qué y que, en toda esta historia, parece haber de por medio una oscura, truculenta y aparentemente fascinante trama de falsificación de papel moneda. Pero esto permite constatar que las paradojas existen y que están ahí precisamente para eso: para rizar el rizo. Samano no fue famoso ni conocido por nada de lo que hizo en vida sino, únicamente, por la excepcional fotografía tomada por Casasola minutos antes de su muerte. Al más puro estilo de los amantes de El beso del Hotel de Ville de Robert Doisneau o de El marinero de Time Square de Alfred Eisenstaedt. Seres inmortalizados en la iconografía popular a través del poderoso influjo de una emulsión fotográfica, pero que, una vez capturado el instante, continuaron siendo tan anónimos como lo eran antes de ese preciso segundo.
Si alguien pudiera proporcionarme algún dato biográfico sobre Fortino Samano, le estaría sumamente agradecido.
Etiquetas: Historia, Personal e intransferible




11 comentarios:
"Como se vive se muere", cantaba Carlos Cano. Que a su vez se lo copió a los romanos ("talis vita, murtis ita").
En cualquier caso, un buen morir redime de un mal vivir. Ya no se vive ni se muere como Zapata, Villa (revolucionario, no el Guaje, al que el dios de los futboleros de larga vida)o Samano.
Ahí tiene usted un potente argumento, amigo.
Si no existe esa biografía, escríbala usted. El personaje, con esa actitud ante la parca (como si le estuviera preguntando cuánto le va a cobrar por un completo), lo merece.
Salud!!!
Efectivamente, eso es actitud. Ante la muerta. ¡Qué cozonazos!
Ahí tienes, Pedro, como han dicho por ahí, el argumento para una novela futura. Desde luego la primera foto es fascinante, porque está ahí el nota que le van a fusilar y parece que está esperando el autobús. He estado buscando por google y lo cierto es que no hay casi nada excepto la foto y un poema que pulula por ahí. Suerte.
Yo creo que es un truco del fotógrafo, o de quien haya ordenado así las fotos, porque la primera imagen no tiene nada que ver con la segunda. Fíjense bien. Lo único que comparten es el muro.
La vida siempre acaba sorprendiéndote con cosas imprevisibles. En un viaje que hice a Londres, en una cafetería del aeropuerto de Gatwick, había colgadas fotos pertenecientes a famosos y menos famosos mafiosos italianos.
Pues tienes para una historia, intentaré buscar información, ¿sabes donde? Pues en la facultad, que existen libros poco menos que edición limitada. Ya te contaré
Yo no me veo metido en ello, queridos Eduardo, Paco y Candela. Las aparentes posibilidades de la historia me cautivaron, pero el camino que habría que tomar para enfocarla y narrarla no es el mío. Conozco al autor ideal que sacaría de este asunto una magnífica novela. Y lo curioso es que se encontraba comiendo conmigo ese día en ese restaurante cuando ambos nos dimos de bruces con las fotos.
Child, de las pocas cosas contrastadas en esta historia es que ambas fotos corrresponden a la misma sesión y a la misma persona y que entre ambas tan sólo hay unos minutos de diferencia.
Una novela complicada sin más datos sobre Fortino Samano. Debería usted tomarlo como un reto.
Jorge
Como usted bien dice, amigo Jorge, sin más datos resulta bastante complicado.
Ah pero, ¿no lo sabías? Lo de la foto de Fortino Sámano es una leyenda urbana. En realidad, el tipo de la foto ni se llamaba Fortino, ni lo iban a fusilar...
Fernando, en la entrada del blog creo dejar bien claro que no he encontrado ningún dato ni aporte al respecto. Si, como parece, tú si los tienes, te estaría muy agradecido si pudieses aportarme alguna luz.
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