Mentiras completas y verdades a medias



lunes, 29 de marzo de 2010

In vino veritas

El tapón se desliza por el gollete con la pulcra suavidad de un guante de seda. Plop. Un tenue sonido escapa de la boca de la botella evocando la promesa de un momento gozoso. Sobre las paredes de cristal de la copa borbotea un néctar carmesí cuyo trasluz revela idéntico matiz al que destilan tus labios. Aquél podría ser el inicio de una efeméride dichosa, como las que tantas y tantas veces hemos compartido a media luz, entre velas, pero ambos sabemos que no lo es. Alzas la copa y la llevas a tu boca con parsimonia, componiendo un gesto carente de emoción.

—Bueno, ya está —concluyes mientras depositas la copa sobre la mesa.
—Sí.
—¿Era esto lo que querías?
—No exactamente.
—No sé que pretendías, Alberto, pero esto no tiene ningún sentido. Brindar por nuestra separación. Es surrealista.
—No es un brindis, Lola. No hay nada que celebrar.

Es una despedida. Y éste, un absurdo ritual, una forma más de establecer el marco de una debacle que jamás pensé que llegaría a suceder. En mi interior había albergado la esperanza de que aquel último momento me ayudase a comprender…

—No debería haber aceptado tu invitación, Alberto. No debería estar aquí. La verdad es que…
—¿La verdad? ¿Qué verdad? ¿La tuya? ¿La mía?

Callas. Busco tus ojos y nuestras miradas se enfrentan para decirse mucho más que lo manifestado a lo largo de estos dos últimos años de mohínes y silencios. En los míos hay desamparo y derrota. En los tuyos se atisba un despiadado fulgor de desprecio. Hastío. Liberación. «La verdad...», dices. ¿Qué demonios es la verdad? La verdad, desnuda y esquiva, se oculta entre las costuras de nuestros mutuos reproches. La verdad es un artificio que siempre se emplea como muro de contención cuando no se dispone de otro escudo más a mano. No existe mayor mentira, ni más artera, que «la verdad». Esa verdad. Bebo otro sorbo de vino tratando de encontrar «tu» verdad en el fondo de aquella copa, en el etéreo espíritu de su contenido, pero la verdad, la única verdad, es que, al paladar, su inicial dulzor se ha trocado ya en amargura. Sabe a desconsuelo. Y a sinrazón.

Observo cómo brillan tus labios levemente humedecidos por los restos del vino. Los observo, quizá por última vez. Y pienso en besos. En nuestro primer beso. En nuestro último beso.

Y en los besos que nunca más nos daremos.

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9 comentarios:

Blogger Samantha Keyela ha dicho...

Bueno, desconcertante, amargo.

29 de marzo de 2010, 14:01  
Blogger carlos salem ha dicho...

muy logrado, maestro. En especial el rol femenino, se nota que lo has practicado.. ja ja

29 de marzo de 2010, 16:20  
Blogger Fernando ha dicho...

excelente, y coincido con Samantha, desconcertante

29 de marzo de 2010, 17:19  
Anonymous Anónimo ha dicho...

uuufff, qué triste! Eso sí, muy bueno.

Trasto.

29 de marzo de 2010, 18:49  
Blogger Antonio de Castro ha dicho...

Duro, conciso, triste, y muy real.

29 de marzo de 2010, 19:41  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

Gracias, amigos. Me alegra que os haya gustado. Lo de desconcertante es lo que más me ha llegado. No me esperaba esa reacción, pero bien mirado, no es inapropiada.

Amigo Salem. como dice el maestro Pérez Reverte, "uno no puede escribir sino de lo que lleva dentro" :-)

29 de marzo de 2010, 20:49  
Anonymous trancos ha dicho...

¡Qué bueno,Lobo! Me he acordado de una canción mexicana que trataba del último brindis de un bohemio con una reina". Eso sólo lo sabe describir así de bien quien lo ha vivido (espero que no sea el caso, o al menos no recienter) y no todos. En algunos casos, los vapores del alcohol adormecen la poesía.

30 de marzo de 2010, 1:22  
Blogger Paco Gómez Escribano ha dicho...

Uf, qué bueno. Realmente plasma lo que sienten un hombre y una mujer cuando han estado tanto tiempo juntos y se separan. Y maravillosamente escrito. Un abrazo.

26 de diciembre de 2010, 17:59  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Se siente la amargura y el vacío del desamor..

Luisa Luna Rubio- Pérez

26 de diciembre de 2010, 18:45  

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