Mentiras completas y verdades a medias



martes, 15 de septiembre de 2009

Bien vale una misa

París bien vale una misa. O dos. O como afirmaba el viejo cascarrabias, París es una fiesta. París es todo eso y mucho más. Tradicionalmente suele tacharse a los franceses en general y a los parisinos en particular de chauvinistas enfermizos. Y tal afirmación no resulta descabellada. Ese punto de gloria vana forma parte de su equipamiento de serie, va con la partida de nacimiento de los enfants de la patrie. Pero la diferencia con otros individuos de similar ralea y parecidos vicios es que el parisino puede permitirse holgadamente ese lujo, el de ufanarse de su orgullo patrio. Puede sustentar de sobra con hechos el motivo de sus pavoneos. Cuestión que no todo el mundo puede argumentar.

Pocos lugares hay en el mundo tan hermosos como París, una ciudad que exuda belleza, historia y acervo cultural por cada uno de sus poros. Cada rincón, cada plaza, cada calle, es un monumento al disfrute del visitante. Sea del tipo que sea. Desde el «modelo japonés», cámara en ristre y a toda pastilla de un lado a otro tratando de no perderse ninguna de la gran cantidad de maravillas que pueblan la ciudad al que, como es mi caso, prefiere pasar inadvertido en su calidad de turista, marchar casi de incógnito y tratar de disfrutar de aquellos rincones ajenos a las guías turísticas, que, curiosamente, suelen ser los más cercanos al corazón de la propia ciudad. Revolver con calma entre los puestos de los bouquinistes ubicados a la orilla del Sena sin preocuparme si llego tarde para subir a la torre Eiffel, a ver el Arco del Triunfo o debo sufrir la inmensa riada de gente que aguarda la ascensión a las torres de Notre Dame. Ya pasé por eso en mi primera visita. Ahora, en mi tercera —y las subsiguientes, que las habrá—, prefiero deambular bajo el tibio sol de otoño a lo largo y ancho de esa acogedora y tranquila maravilla que aún sigue siendo el barrio embutido en la pequeña isla de St Louis. O sentarme a tomar el sol en los jardines del Hotel de Sully en lugar de llegar, pronunciar «qué bonito» en voz alta, tirar las tres fotos de rigor y salir corriendo hacia el siguiente destino. O disfrutar de un whisky con hielo en una terraza del jardín de Louxemburg, junto a la fuente Medicis, para mi gusto, una de las más hermosas de la capital. O sentarme en una mesa del León de Bruxelles —una de las franquicias mejor llevadas que he visto nunca— y ponerme hasta las trancas de mejillones condimentados de las más diferentes maneras, todas ellas deliciosas. O visitar de nuevo Shakespeare & Co, una de las más entrañables, peculiares y eclécticas librerías de París —y del mundo, me atrevería a decir—, y cumplir con el ritual de depositar en su tablón de visitantes un recuerdo en honor a la tácita tradición de comunicar a los posteriores asistentes tu particular grito de «yo estuve aquí». O tomar una copa en la terraza de Aux trois mailletz, en la calle Galande, a medio camino entre la iglesia de St Severin —de seguro recuerdo para los lectores de El documento Saldaña— y la acogedora St Julien le Pauvre. El local es igual de caro que el resto —París no es nada barato, particularmente en lo relativo a las bebidas alcohólicas—, pero el servicio no se reduce a la limitada medida estandard (4 cl. de alcohol) sino que es un poco más a la española —chorreon de alcohol en el vaso hasta que les parece que está bien. A ellos o a ti—. Tantas y tantas gratas experiencias. Tan pequeñas, tan nimias, tan insignificantes... tan necesarias.

Paro aquí. Tan sólo hace un día que he regresado y ya comienzan a asaltarme los ecos de la nostalgia. Lo único cierto, lo único que sé es que, si la salud y la fortuna acompañan, volveré. Y con eso me basta. Por el momento.

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11 comentarios:

Anonymous el hombre que ríe ha dicho...

Pedro, la próxima vez que vengas a París podríamos vernos. Yo trabajé tres años en uno de los edificios (un hotel) que se ven más allá de tus pies en la última foto.

15 de septiembre de 2009, 13:51  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Este blog es muy poco personal. Faltan detalles sobre tu vida privada. Me caes bien, pero a este blog le falta gancho.

15 de septiembre de 2009, 16:12  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

Cuento con ello, Hombre que ríe. Desconocía que estuvieses en París. La próxima vez avisaré del viaje con antelación. Por la perspectiva de la foto, podría ser el St James & Albany, ¿me equivoco?

Lo lamento, anónimo. Como autor de novelas, este blog fue creado para dar cuenta de los aspectos públicos de mi vida (entrevistas, publicaciones, lecturas en público, intervenciones en actos culturales...). Incluso, haciendo alguna concesión, de cuando en cuando incluyo algún aspecto privado (opiniones personales, lecturas satisfactorias, viajes, algún pálpito o emoción en particular) que estime oportuno. Los aspectos más privados de mi vida continuarán siendo eso: privados. Pero si pudieses ser más explicito acerca de lo que esperas de este blog, te estaría muy agradecido, puesto que tampoco me queda muy claro qué echas en falta concretamente. ¿Fotos mías en paños menores? ¿El relato de mi último cólico nefrítico?

En cualquier caso, me alegra caerte bien y lamento que consideres que este blog no tiene el gancho oportuno.

Saludos,
Pedro de Paz

15 de septiembre de 2009, 16:51  
Blogger Armando Rodera ha dicho...

Estoy de acuerdo contigo, Pedro, París es una ciudad especial. Yo sólo la he visitado una vez, por lo que me quedan muchos lugares por recorrer y necesitaré tiempo para, como bien dices, saborear la esencia de la ciudad sin caer en el agobio turístico del fin de semana. Espero poder hacerlo con el tiempo.

Por cierto, bonitas fotos.

Saludos.

15 de septiembre de 2009, 17:49  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

Te lo recomiendo, Armando. Es una gratísima experiencia.

15 de septiembre de 2009, 19:04  
Anonymous el hombre que ríe ha dicho...

Efectivamente, el Saint James & Albany, distinguido antro de cuatro estrellas y tropecientas habitaciones. Pagarle a alguien una estancia en ese hotel es gastarle una broma de mal gusto.
Ya lo creo que el blog tiene gancho. Sólo por comentarios como el de las fotos en paños menores y el relato del cólico nefrítico merece la pena pasarse por aquí.
Saludos

15 de septiembre de 2009, 22:30  
Anonymous Trancos ha dicho...

Una misa, 10 rosarios y 25 novenas a San Luis Rey de Francia, o a San Robespierre, a San Danton y a San Marat, y de ahí no bajo.
¡Joder, Lobo! ¡Te has propuesto que me ahogue en mis propias bilis (de envidia!
La primera vez que fui a París, pasé 4 días a cuerpo de rey, así como tú, joío, y 3 como un clochard (nos quedamos sin pasta y tuvimos que volver a dedo). La segunda, decidimos perdernos por las calles. Una noche "nos encontramos" al amanecer y el más lúcido, que lo único que no había perdido era el plano, (incluida la vergüenza y la dignidad) dedujo que estábamos en Pigalle. En un estado de menor enajenación lo habríamos deducido sin necesidad del plano por la fauna urbana que pululaba por allí. Lo más impresionante eran tres personazas de colorazo (negrazos) sentados en la acera afilando sus respectivas navajas en el bordillo (no nos acojonamos porque no somos racistas).
El anónimo tiene su parte de razón. Un desnudo integral sería mucho pedir; pero una foto en tanga de leopardo o con taparrabos lobuno dispararía tus ventas y justa fama de escritor bien dotado hasta el infinito y más allá >:)
Salud y saludos.

16 de septiembre de 2009, 10:23  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

A la luz de lo que me cuenta, amigo Trancos, va a resultar que es usted un poco golfo. Y por su apostilla, además de golfo, es usted un cachondo. Pero ya intuía yo algo. De ambas dos. :-)

Abrazos.

16 de septiembre de 2009, 11:14  
Anonymous Daffy ha dicho...

Voy a seguir pasando por aquí, no vaya a ser que, al final, hagas caso a Trancos y nos deleites con algún que otro tanga -igual da de leopardo o de lo que sea- y yo estoy dispuesta a sacrificarme y, tras verte en las fotos, darte mi más sincera opinión.
Me alegro de que lo pasaras muy bien, Pedro.
Besitos.

19 de septiembre de 2009, 19:22  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

Mucho me temo, querida Daffy, que no va a darse tal circunstancia. Aunque nunca se sabe. Con tal de lograr que un blog tenga más gancho, uno es capaz de lo que sea :-)

Besos,
Pedro

20 de septiembre de 2009, 21:07  
Blogger LARA ha dicho...

Yo sueño con conocer (no visitar) París. Y aunque vaya por primera vez, me gustaría hacerlo así como dices, sin apremios, conociendo las entrañas de la ciudad, perdiendome sin prisa por esas calles y tomo nota de los lugares que apuntas. Un saludo afectuoso.

30 de octubre de 2009, 11:38  

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