Mentiras completas y verdades a medias



sábado, 25 de julio de 2009

Semana Negra 2009. La crónica (y V)

Domingo, 19. Último día de estancia en el paraíso. Estamos citados en la puerta del Don Manuel a la once y cuarto, equipaje en ristre, para acomodarnos en el autocar que nos conducirá al acto de clausura y de ahí, tras la espicha de despedida, a Madrid. Los rostros de los presentes son todo un poema. Todos tenemos en mente los buenos momentos pasados y lo cerca que está el regreso a la rutinaria realidad. A las doce accedemos a la Carpa del Encuentro donde Paco Ignacio Taibo II, acompañado de las autoridades pertinentes, dará el discurso de despedida y los datos más relevantes de la Semana Negra 2009. Entre ellos, los más significativos: 104 autores reunidos y más 54.000 libros vendidos a lo largo de 10 días. Que se dice pronto.

[Hasta Fred Vargas tenía carita de pena]

Tras la clausura, la espicha, emotiva celebración que tiene mucho de balance final. Abrazos y apretones de manos con la firme promesa de volver a vernos lo antes posible, mamá Macía asegurando que esta vez no iba a echar unas lagrimitas —e incumpliéndolo por enésima vez—. Saludos y presentaciones de última hora —Salem me presentó a la encantadora Judith Vernant, editora de Moisson Rouge, a quien no me había presentado antes pensando que ya la conocía. La madre que lo trajo—. Y yo, que ya le había cogido gusto al sabor racial, no me quitaba el Borsalino ni con agua caliente.

[The good, the bad and the ugly. No necesariamente en ese orden. O sí]

Sobre las tres y media, todos al autocar y rumbo a Madrid. Molidos, rendidos, baldados, derrotados… (¡los micrófonos!… ¡Ah!, no, que esto no va a aquí). Tras decir adiós con la manita a través de las ventanillas a los que se quedaban, tardamos muy poco en ponernos a meditar profundamente como indica el siguiente documento gráfico.

[Debatiendo arduamente sobre el existencialismo del yo]

Tras seis horas de viaje y con el culo en carne viva, llegada a la estación de Chamartin, donde, tras los abrazos y apretones de manos de rigor, cada uno a su casa. Y Dios a la de todos.

¿Qué añadir a lo narrado? Poco, la verdad, salvo reiterar mi eterna gratitud por haber tenido la oportunidad de disfrutar de cinco días extraordinarios e incidir de nuevo en las bondades de un festival tan carismático como el de la Semana Negra, en el que, por fortuna, no se dan cita ni se fomentan las reuniones de escritores. Se fomentan las reuniones de amigos que escriben libros. Ahí radica la base de su éxito, un éxito que resultaría imposible sin conjugar sabiamente la magia de un lugar como Gijón con el buen hacer, el cariño y el empeño de un comité organizador —personas estupendas todas, de la primera a la última— como el que lo lleva a cabo.

GRACIAS. Nos vemos en la Semana Negra 2010 —o antes a ser posible—.

Adendum.- La practica totalidad de las fotos de esta crónica son mías salvo un par de ellas tomadas de los blogs o los perfiles de Facebook de Silvia Pérez Trejo, Fran J. Ortiz y David Torres. Al César lo que es del César. También ruego que me disculpen todos aquellos a quienes haya podido omitir en este sucinto relato de bitácora. Han sido muchos los encuentros y mas de cien las personas con las que he tenido ocasión de convivir durante estos cinco días. Un abrazo muy grande para todos ellos.

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2 comentarios:

Blogger g.l.r. ha dicho...

Da gusto ver cómo meditáis, profundamente, sobre el existencialismo. Joder, si casi parecéis que vais dormidos. ¡Hay que ver cómo os concentráis!
Un abrazo, y a recuperarse de tanta sesuda reunión.

P.S.- ¡No seáis coñazos, por Dios !Tomaos alguuna copa de vez en cuando, coño, que no todo va a ser trabajar.

25 de julio de 2009, 21:47  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

GLR, es que los intelectuales no sabemos más que de que trabajar y de que trabajar, :-D

Abrazos,
Pedro

27 de julio de 2009, 11:56  

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