Mentiras completas y verdades a medias



sábado, 30 de mayo de 2009

El jardín de las letras

Edificio de Unidad Editorial. Fiesta organizada por El mundo y La esfera de los libros con motivo del inicio de la Feria del Libro de Madrid. Una estupenda ocasión de reunirte con viejos amigos y conocer a algunos nuevos. En la puerta me encuentro con Alfonso Ruiz de Aguirre, un tipo al que aprecio mucho más de lo que deseo reconocer y que tiene un pequeño, brevísimo, cameo en mi última novela. Está cabreado porque Karmele Marchante acaba de birlarle por segundos un excepcional sitio para aparcar. Entramos juntos al tiempo que comentamos nuestras últimas cuitas editoriales. Planes, proyectos, perspectivas. El jardín donde se celebra la fiesta se encuentra a rebosar. Comienza el desfile de rostros conocidos: Pedro J., Antonio Gala, algún que otro personaje televisivo cuyo nombre no recuerdo... Saludo al editor Miguel Ángel Matellanes, excelentemente acompañado, por cierto, y en una de las barras coincido con el simpático Juan Aparicio Belmonte. Nunca habíamos tenido ocasión de coincidir en persona pero ambos habíamos oído hablar del otro. Charlamos un rato y nos despedimos con la promesa de seguir charlando más tarde —acabaríamos coincidiendo varias veces a lo largo de la noche y siempre delante de una de las barras. Curioso—. Aparece, deslumbrante como siempre, Cristina Salama, acompañada de su socio, Guzmán, de la escritora Irene Mora y del fotógrafo Ángel López Soto. Alfonso y yo nos unimos al grupo. Ya está la cuadrilla de RLYA al completo. Una fiesta, para ser fiesta, no necesita más.

En un rincón vislumbro la presencia del superagente Eduardo Melón acompañado por mi dear and old fellow Javier Puebla. Me uno al grupo y comentamos una cuestión que, durante el resto de la noche, flotaría reiterativa en el ambiente: la reciente iniciativa del escritor Juan Gómez Jurado de luchar por la transparencia en las liquidaciones editoriales y sus esfuerzos encaminados a aglutinar la mayor cantidad de autores posible (ya hay más de cien) para establecer un frente común al respecto. Un asunto que en un futuro próximo dará bastante que hablar. En los corrillos no se hablaba de otra cosa. Al menos en los que yo frecuenté. Cada uno expone su opinión y pone sus objeciones. Y más de uno, su sorpresa ante lo acertado de la iniciativa y el hecho de que no se hubiese propuesto antes. Saludo a David Torres, otro tipo estupendo, tengo ocasión de charlar con un rato con Martín Casariego y me cruzo con Eugenia Rico, que se disculpa —innecesariamente— por haber tenido que marcharse anticipadamente el otro día de la conferencia de Madrid Serie Negra. Y entre bromas, risas y conversaciones jugosas con unos y otros va pasando la noche.

Madrugada. La carretera solitaria. Ventanillas abiertas y el aire tibio de la noche colándose por los resquicios. Del coche y de mi ánimo. Springsteen tronando en el compacto del coche, «...Rumble out on the promenade and the gamblin' comission is hangin' by the skin of its teeth...». Una sensación de euforia creciente me invade. Lo he pasado bien. Muy bien. Pero es hora de volver a casa. De vuelta a casa.

There's no place like home.

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2 comentarios:

Blogger Ella ha dicho...

¡Pero qué buena vida os dais Alfonso y tú! ¡Yo quiero ser escritora!
Beso grande

2 de junio de 2009, 4:02  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

De buena vida nada, Ella, que los escritores sufrimos bucho. ¿No se nos vé la carica de hambre y desesperación? :-)

Besos,
Pedro

2 de junio de 2009, 8:54  

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