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Mentiras completas y verdades a medias



lunes, 23 de marzo de 2009

Jornadas "Mejor con un libro". Crónica en tres actos (I)

Por razones obvias, me agrada mucho colaborar en la medida de mis posibilidades con toda iniciativa cultural que persiga el fomento de la lectura. Y me agrada mucho Juan Ramón Gálvez, un tipo estupendo. Por ambos motivos, cuando recibí la invitación para participar en las jornadas inaugurales de la asociación malagueña «Mejor con un libro», de la que Gálvez es fundador y presidente, no me lo pensé dos veces. No pude —ni quise— negarme. A todo ello había que añadir la asistencia al evento de un nutrido grupo de amigos, participantes todos ellos del fantástico foro literario Abrete libro, lugar de referencia y punto de encuentro que congrega un gran número de buenos aficionados a la literatura. No se podía pedir más.

Bajo todas estas premisas, un servidor de ustedes se plantó en Málaga el pasado 19 de marzo a primera hora de la tarde. El comienzo de mi periplo resultó, a qué negarlo, inmejorable. Tras recogerme en la estación del AVE, mi anfitrión me condujo hasta un emotivo lugar: una calle a la que los malagueños habían tenido la deferencia de poner mi nombre. Qué tíos más majos, oyes. No puedo expresar con palabras lo que sentí ante tan magno honor y tan trascendental momento. La visita se convirtió en un acto grato y enternecedor, del cual salimos intensamente conmovidos (y casi magullados, pero esa es otra historia).

Tras tan emocionante acontecimiento, nos dirigimos hacia el hotel en el que iban a alojarse los escritores participantes en el evento. Allí tuve el inmenso placer de saludar a Juan Ramón Biedma, excelente escritor y mejor ser humano, amigo y compañero de letras y conspiraciones (galateas) y a Rosaura, a quienes, a pesar de las decenas de opiniones, libros y correos electrónicos intercambiados y compartidos, aún no conocía en persona. Minutos más tarde se incorporaba al encuentro Jerónimo Tristante —a quien sí tenía la desgracia de conocer en persona— y su encantadora familia, y Enrique Vega, moderador de la mesa redonda con la que, al día siguiente, los autores presentes daríamos el pistoletazo de salida a las jornadas. Tras dirimir delante de unas cervezas las líneas generales sobre las que discurriría el acto, Gálvez nos condujo hasta uno de los Hipercor de Málaga donde nos aguardaban para firmar algunos ejemplares de nuestros libros. Cumplidas las obligaciones, marchamos a casa de nuestros anfitriones donde el staff de Mejor con un libro (Presidente, Secretario y Relaciones Públicas) nos agasajó con una exquisita cena. Tras una maravillosa velada de buena comida, lambrusco, cerveza, risas —muchas—, copas, desbarres y un breve conato de revuelta diplomáticamente silenciado por el presidente de la asociación («Aquí mando yo y se acabó»), nos marchamos, satisfechos y esperanzados, al hotel a descansar. El asunto pintaba de maravilla. Si todo iba a desarrollarse con la solvencia y la empatía mostrada hasta ese momento, no me cabía la menor duda de que las jornadas serían un completo éxito.

Pero lo mejor estaba aún por llegar. Y yo ni tan siquiera lo sospechaba.

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4 comentarios:

Blogger Miguel Baquero ha dicho...

Joder, amigo, eso es trunfar. Llegas y te dedican una calle. Aunque lo justo hubiese sido una avenida ;-)

23 de marzo de 2009, 22:10  
Anonymous g.l.r. ha dicho...

Hola, Pedro. Me alegro de que estés de vuelta y así poder leer de nuevo tus crónicas. Ya se echaba de menos.

¡Así que una calle! Eso sí que es dejar huella. Primero ha sido Málaga; después será Madrid, que para eso lo engalanas en tus novelas. De verdad, enhorabuena.

Espero impaciente la próxima crónica. Me has dejado con la miel en los labios.

Un abrazo.

23 de marzo de 2009, 23:30  
Blogger Ella ha dicho...

Jajajajaj, ¿¿¿pero de dónde has sacado esa calle?? Voy a mirar google maps a ver si has hecho algo de fotochop.
Besoooo

24 de marzo de 2009, 0:48  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

Miguel: a mí, que soy de natural modesto, una avenida me habría parecido excesivo. Una rotondilla no habría estado mal :-)

No son malos inicios, GLR. Se empieza por una calle y se acaba saliendo en el Hola. La de Madrid... todo se andará :-)

Ella, te juro por mis niños, los catorce, que la calle existe. Míralo, míralo en el Google Maps.

Abrazos,
Pedro de Paz

24 de marzo de 2009, 20:18  

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