Mentiras completas y verdades a medias



miércoles, 2 de diciembre de 2009

These colours don't run

La noche en la que Iron Maiden tocaron como nunca. O cómo uno de los momentos más vergonzosos de la música rock se convirtió en algo épico.

El Ozzfest es un festival anual de música rock que se celebra en Estados Unidos —y, ocasionalmente, en Europa— desde 1996. Surgió a raíz de la negativa de los organizadores del festival de Lollapalooza de incluir en la edición de ese año la participación del músico Ozzy Osbourne (por motivos nunca aclarados del todo). Como desagravio, Sharon Osbourne, esposa del mencionado músico, y su hijo Jack decidieron organizar su propio festival paralelo obteniendo una respuesta tan positiva por parte del público que les llevó a convertir el Ozzfest en una cita anual.

En la edición del año 2005, uno de los principales invitados y cabeza de cartel del Ozzfest es el grupo británico Iron Maiden. Pocos días antes de la celebración del festival, Bruce Dickinson, cantante y frontman de la banda, se descolgó con unas declaraciones quizá poco afortunadas en uno de los medios para el que fue entrevistado. Las declaraciones versaban sobre la participación de la familia Osbourne en un popular reality show (The Osbournes) auspiciado por la cadena MTV y se refería a dicha participación con palabras despectivas calificando el espectáculo poco menos que de «circo estúpido y bochornoso». Como es de suponer, las declaraciones de Dickinson no cayeron muy bien en el entorno de la familia Osbourne, a la postre, organizadores del Ozzfest.

El conflicto parecía servido.

El 20 de agosto de 2005, pocas horas antes de la actuación de Iron Maiden, Sharon Osbourne, en compañía de su hija Kelly, convoca a una serie de amigos cercanos a Ozzy Osbourne (los miembros del grupo Black Label Society y alguno más) y los insta a boicotear el espectáculo de los británicos. Se arman con docenas de huevos, cubitos de hielo y tapones de botellas y al más puro estilo mafioso —desplazando de su sitio a algunos de los asistentes que llevaban allí esperando durante horas para coger los mejores puestos— hacen uso de sus pases de backstage para ocupar las primeras filas del pit, las más próximas al escenario.

El show da comienzo en torno a las 22:00. Ajenos a la encerrona, el grupo Iron Maiden arranca su actuación con el tema Murders in the rue Morgue. Nada más comenzar, una lluvia de huevos, vasos de cerveza y escupitajos cae sobre ellos mientras un imbécil apodado «Big Dave», perteneciente al círculo más íntimo de los Osbourne y que suele ejercer como presentador y maestro de ceremonias de los conciertos de Ozzy y de la Black Label Society, se dirige a la mesa de sonido, desenchufa los cables que surten de electricidad al escenario y comienza a berrear por megafonía coreando el grito de «¡Ozzy, Ozzy!». La primera en la frente. Una vez restablecido el fluido eléctrico, Iron Maiden trata de hacer caso omiso a la provocación y continuar con el show, pero se les nota tensos, furiosos por la falta de seriedad y profesionalidad de la propia organización. Arrancan con su segundo tema, el emblemático The Trooper y, como viene siendo habitual, Dickinson interpreta el tema vestido de soldado de caballería británico mientras ondea la bandera de la Union Jack, una puesta en escena acorde con la letra de la canción y que la banda ha venido practicando durante los últimos quince años. Desde el grupo de personas más cercano al escenario arrecian los abucheos y alguien del círculo de Ozzy salta al escenario enarbolando una bandera americana y las palabras Don't fuck with Ozzy garabateadas en su pecho desnudo. El servicio de seguridad de los Maiden lo reduce de inmediato y lo expulsa del escenario. La lluvia de huevos arrecia y el incidente termina por hacer explotar a un indignadísimo Dickinson que desde el escenario grita «Bastards!, this is the fucking british flag and these colours don't run» (proféticas palabras que, a posteriori, darían lugar al título de un tema de su siguiente álbum).


Durante el resto de la actuación, el fluido eléctrico se interrumpirá hasta seis veces más con el consiguiente cabreo de los músicos y del respetable, que no sólo no está disfrutando del espectáculo por el que ha pagado sino que, además, va haciéndose cada vez más consciente del esfuerzo de la banda por entregar, en una alarde de profesionalidad bien entendida —y algo de mala hostia, a qué negarlo— lo mejor de sí mismos. A cada nueva provocación, la banda responde con una descarga de música y rabia. Tocan como posesos, como demonios enloquecidos, volcando toda la rabia que los invade en la interpretación de los temas. Esa noche, la furia les hace sentirse pletóricos. Los solos de guitarra suenan como nunca. La voz de Dickinson se funde con el sonido de los instrumentos como si formase parte de ellos. Terminada la canción Hallowed by thy name y antes de encarar el siguiente tema, la organización les comunica que deben terminar su actuación ya que la extensión de su show ha sido reducida a 55 minutos. Dickinson, visiblemente cabreado, toma la palabra para dirigirse de nuevo al público. «They were supposed to play a shorter set than normal today, and only play 55 minutes, but Iron Maiden can't drive 55, or play 55, and we are going to play our whole fucking set tonight.». Sus palabras arrancan un rugido de aprobación en la audiencia


Inician la recta final del show. Tocan cuatro temas más bajo continuos apagones e interrupciones de electricidad. A cada nuevo corte abordan el siguiente tema sin saltarse un solo compás. Con cada interrupción el grupo se muestra más y más excelente, tocando cada canción con una rabia y una pasión asombrosas. Durante alguno de los cortes de fluido eléctrico, 40.000 voces corean, desde el punto interrumpido, la canción que estaba sonando en ese momento, ayudando con ello al grupo a completar el tema bajo la mirada agradecida y emocionada de los músicos. Terminado el concierto, Dickinson agradece a los «verdaderos fans» su apoyo incondicional y su modélico comportamiento durante el espectáculo, asegurando que si han aguantado «toda la mierda de esa noche» ha sido sólo por ellos. Sus palabras son recibidas con un atronador aplauso. Alguien cercano a la organización, a través de la megafonía, comienza de nuevo a gritar las palabras «¡Ozzy, Ozzy!». Su voz es sepultada por la de miles de asistentes que corean a voz en grito «¡Maiden, Maiden!». El grupo apenas ha abandonado el escenario cuando Sharon Osbourne entra en escena, recoge el micrófono y declara su agradecimiento a la banda Iron Maiden diciendo que son una banda fantástica, pero comete el error de apostillar que «Bruce Dickinson is a prick». No le da tiempo a decir nada más. Los asistentes rugen de furia y un mar de abucheos ahoga cualquier otra declaración, obligando a Sharon Osbourne a abandonar el escenario a la carrera entre lanzamientos de vasos de cerveza y distintos apelativos de los cuales el mas suave es «dirty bitch».

Según las palabras de un crítico musical presente en el concierto, «ha sido el concierto más memorable y, a su vez, el espectáculo más lamentable que he tenido ocasión de presenciar a lo largo de mis veinte años de profesión».

Solo cabe añadir que, tras la actuación de Iron Maiden le llegó el turno a Black Sabbath, el grupo de Ozzy Osbourne. El público comenzó a desalojar el pabellón en masa, incluyendo gente que prácticamente había acudido para asistir a la actuación de Black Sabbath. De los 40.000 asistentes iniciales quedaron menos de la mitad.


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2 comentarios:

Blogger Guido Finzi ha dicho...

No sé porqué, pero siempre imaginé que la filia por los Iron Maiden va emparejada con ser del Atleti.

6 de diciembre de 2009, 12:50  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

No es condición sine qua non, Guido. A mí, por ejemplo, no me gusta el fumbol :-)

7 de diciembre de 2009, 0:51  

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