Mentiras completas y verdades a medias



jueves, 8 de enero de 2009

Ni tanto ni tan calvo

Descubro con cierto estupor esta noticia. Según la legislación china —que tampoco es que sea garante de máxima justicia ni santo de mi devoción—, el delito de corrupción llevado a cabo por un cargo público está penado con la pena capital. Sentencia de muerte. La mayor medida de gracia a la que se puede optar es que, durante la suspensión cautelar de la condena (unos dos años desde que se dicta sentencia hasta que ésta se ejecuta), si demuestras arrepentimiento y buen comportamiento, la pena es conmutada por una misericorde cadena perpetua.

En este bendito país en el que vivimos, el delito de corrupción política esta penado con dos orejas, rabo, vuelta al ruedo y salida a hombros por la puerta grande como demuestra la reciente situación vivída por cierto impresentable marbellí que, nada más terminar de cumplir una irrisoria condena de 2 años y medio por trincar una jartá de Leuros, se dedicó a redimir su culpa y su vergüenza volviendo a chupar del bote y amortizando su amarguisima desdicha a base de apariciones televisivas en Ana Rosas, Corazones, Salsas Varias, Norias, y demás etcéteras. Of course, talón mediante. Y lo que más me repugna es que, en el fondo, somos nosotros mismos los que, con nuestra aquiescencia —tácita o no—, ayudamos a que personajillos como el mencionado sean aupados en pedestales para que vivan a cuerpo de rey y se ganen la vida a base de contarnos hasta la saciedad cómo nos han engañado, vacilado, timado y expoliado.

El problema no es que la Justicia sea ciega. Es que los ciegos somos nosotros.

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7 comentarios:

Blogger Angelus ha dicho...

Siempre he creído en el poder coercitivo de las medidas sancionadoras. Estoy pensando en el ámbito de mi trabajo, la enseñanza, aunque esto choca frontalmente con la nueva pedagogía implantada desde la LOGSE. Que las sanciones tienen sus efectos lo vemos en la reducción de muertes en las carreteras. Sin llegar a los extremos chinos, otro gallo nos cantaría con penas más contundentes para delitos como terrorismo, prevaricación o delitos sexuales, por poner un ejemplo. Aunque me llamen reaccionario, no me importa lo más mínimo.
En cuanto a la portada: no hay color, prefiero la original sin lugar a dudas, la del Círculo es bastante aséptica.
Saludos.

8 de enero de 2009, 16:25  
Blogger Miguel Baquero ha dicho...

Hola, colega, acabo de recibir la revista del Círculo y ahí te he encontrado, sí señor, con dos cojones, ocupando una página entera. Enhorabuena. La portada estoy con Angelus, me gustaba más la original, pero ésta tampoco está mal. Que tengas mucha suerte, tío. Un abrazo

8 de enero de 2009, 22:25  
Blogger Ella ha dicho...

Pero ¿de dónde sacas estas noticias Wolfo??? Ni buscándola la encuentro.
Hombre lo de los chinos es un extremo muy extremísimo, lo nuestro el polo opuesto. A mí me deja admirada la cara dura y la frescura con la que se pasean por las calles y los platós estos personajillos. El dinero del Julián ("¿gitana, tú me quieres?", qué frase por dios) no aparece ahora por ningún sitio. ¿Dónde estará?? Ahhh...
No sabía que ya estabas tan pronto en la revista del círculo. Vamos, mañana llamo a familiares y amigos para que pidan el tuyo YA.
Besoooooooo

9 de enero de 2009, 4:26  
Anonymous Andima ha dicho...

Mucha razón llevas, Pedro, como sueles.

Respecto a lo de las portadas, a mí me gusta más la primera. Como bien insinúas en la entrada anterior, la primera es más sutil, el pomo de una puerta de corte antiguo o incluso medieval que sugiere el misterio que encierra el libro y nos invita a sumergirnos en él. Cuando uno abre el libro parece que está accediendo a ese cuarto oscuro que se esconde tras esa puerta.
La otra portada es más obvia; aunque de diseño impecable, el concepto no está tan trabajado, es más convencional. Aun así, creo que llama la atención y no me disgusta en absoluto. Vamos, que me valen las dos.

Un abrazo.

9 de enero de 2009, 10:58  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

Coincido plenamente, Angelus. El aplicar medidas sancionadoras y hacerlo de forma estricta no presupone en ningún momento ser injusto. Hay delitos de especial relevancia y alarma social que merecen ser castigados con todo el rigor. El problema es que nos vamos al extremo contrario, a sufrir esa humillante sensación cuando observamos la arrogante impunidad que ostenta el Cachuli cuando habla de sus andanzas.

Se puede usted imaginar, D. Miguel, como estoy. Como un niño con zapatos nuevos.

Ella, un literato siempre busca sus fuentes de inspiración en las cloacas más profundas. :-DDDDD Lo de los chinos es, en efecto, una medida tan extrema que cae evidentemente en la injusticia, pero es el perfecto contrapunto de lo que ocurre en este país: que la injusticia se produce por la inacción de la sociedad en general, que no sólo condena sino que alienta (23% de share la aparición en TV del pimpollo) y de los estamentos encargados de combatir esa lacra en particular.

En efecto, Andima. Respecto a las portadas, lo he comentado en la entrada anterior. Coincido con vosotros en parte. Me gustan ambas. Mucho. Pero la portada original me parece más artística, más evocadora. La de Círculo es más obvia, más funcional. Pero las dos me parecen grandes trabajos.

Abrazos a todos. Me alegra continuar encontrando por aquí a los viejos amigos,
Pedro de Paz

9 de enero de 2009, 11:21  
Blogger Samantha Keyela ha dicho...

Lo de los chinos es lógico si se acepta que pueda existir la pena de muerte. La corrupción es traición al pueblo al que te has comprometido a servir, y si los delitos de traición a la patria o de atentado contra el jefe del estado se suelen penar en no pocos paises con la muerte o la reclusión perpetua, ¿cómo no penar igual la traición al pueblo soberano?
En España lo malo no es que nos importe un cuerno la corrupción; lo malo es que nos hace gracia y llevamos un estafador dentro. Y si no, recapacitemos sobre las cositas que se nos pasan por la cabeza cada vez que hay qwue hacer la declaración del IRPF.Somos de moral laxa en eso y en más cosas.

11 de enero de 2009, 13:37  
Blogger Pedro de Paz ha dicho...

Hombre, Samantha, dentro de la desproporción de la medida, no puede negársele cierta coherencia a lo de los chinos, en gran parte por los motivos que usted comenta. Lo que resulta absolutamente deplorable es el enfoque opuesto: la actitud chusca y relajada con la que recibimos aquí este tipo de atropellos y cómo aupamos al sinverguenza en cuestión a su podio particular.

Abrazos,
Pedro de Paz

13 de enero de 2009, 13:33  

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